superconfidencial

Me caí como un pollaboba

Era el mediodía del jueves cuando, tras resbalar en un charco de agua en mi casa, con la colaboración del pañal/meadero de la perrita, di con mis huesos en el suelo, aparatosamente

Era el mediodía del jueves cuando, tras resbalar en un charco de agua en mi casa, con la colaboración del pañal/meadero de la perrita, di con mis huesos en el suelo, aparatosamente. Al principio creí que me había roto la cadera, pero no. El golpe fue tan fuerte que me impide caminar con normalidad y los dolores los calmo con ibuprofeno, aunque ya me han dicho que no abuse. No me había pasado nunca y de lo único que me alegro es de que, al parecer, sigo teniendo los huesos duros. También me herí en el brazo, pero lo peor del asunto, y donde realmente se demuestra la edad, es que no me pude levantar por mí mismo del suelo. Tuve que llamar a mi hermano para que me ayudara y entre él y el marco de la ventana del patio me enderecharon. Horas más tarde no soportaba el dolor, que me impidió dormir, aunque luego fue cediendo poco a poco hasta el momento en que escribo, que son las seis y cuarto de la mañana. ¿Por qué les cuento esto? Pues porque nunca me había pasado, jamás había aterrizado, como un vulgar pollaboba, a causa de un suelo mojado y de un pañal que afortunadamente todavía no es mío. Qué mala es la edad provecta, aunque yo presuma de joven sin serlo, en un ejercicio de estupidez digno de mejor causa. Heme aquí, dolorido y maltrecho, por no haber sabido sortear un charco de agua que procedía del termo eléctrico y un pañal común. En adelante caminaré con más tino, digo yo, porque a la próxima seguro que me partiré algo. Como los desocupados lectores tienen derecho a reírse, les cuento todo esto para que se alegren un poco mis numerosos enemigos. No siempre gana uno.

TE PUEDE INTERESAR