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Otra vez la Mafia

Cuando atábamos los perros con longaniza, me alojé en cierta ocasión en el hotel Pierre, de Nueva York, uno de los más exclusivos de la ciudad. Tras acudir con un grupo de amigos a Broadway, a ver El fantasma de la Ópera, cenamos en el hotel. Nos atendió un hablador metre español, de apellido Albarracín, que nos ilustró sobre algunos huéspedes del hotel “que nos dejan sustanciosas propinas”. Una de las asistentes a la cena dijo entonces: “¿Y la Mafia, también los obsequia a ustedes con buenos detalles?”. Entonces Albarracín dio tres vueltas sobre sí mismo, desapareció y no volvió a nuestra mesa. En otra ocasión, en Little Italy, ocupamos una determinada mesa en cierto famoso restaurante y, cuando nos fue a servir, el viejo camarero italiano nos dijo: “Ahí mismo mataron al mafioso más famoso de la ciudad; yo lo vi”. Coño, Nueva York es una caja de sorpresas. Tras lo de las Torres Gemelas, la criminalidad bajó drásticamente, pero ahora han asesinado al líder de la familia Gambino, Frank Cali, frente a su casa de Staten Island; y el fantasma de las luchas entre familias (esta procede de Palermo) parece que comienza de nuevo. Mal asunto para Nueva York, que desde 1990, cuando ocurrió el asesinato en el restaurante italiano en el que yo cené aquella noche, no sufría actos violentos de la Cosa Nostra. Cali era uno de los cinco grandes jefes mafiosos que quedaban en la ciudad, pero con territorios definidos y con ausencia de asesinatos. Ahora se rompe esa tregua y la policía neoyorquina teme lo peor. A Cali le metieron seis tiros en el cuerpo y lo atropellaron sus asesinos con el coche en el que huyeron. Vamos a ver en qué queda esto y si se rompe o no el statu quo.

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