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Ahora camino como Ebenezer Scrooge

Después de la caída del jueves de la semana pasada, en la que estuve a punto de fracturarme la cadera y de joderme el coxis, camino como Ebenezer Scrooge, el personaje avaro y miserable de Charles Dickens en su Cuento de Navidad. No he visto nada más ridículo que mi actual forma de andar, entre un vasioleta y un equilibrista. Y a medida que van apareciendo los moratones, más me duele; y sentarme se ha convertido en un suplicio, por lo que pido perdón al lector porque -por consiguiente- escribir cada artículo también lo es. El otro día leí que un escritor argentino, Oppenheimer creo que se llama, escribe de pie. Pues vaya incomodidad, pero me voy a hacer con un atril hasta que el totufo me baje. Me da que durante algunos días más seguiré deslizándome por las esquinas como Ebenezer Scrooge, arqueado y asentando bien las plantas de los pies en el suelo. Me falta el gorro, pero ya llegará. Un amigo me dice que a esta edad lo más peligroso son las caídas y mi amigo Tito el médico me llama para instarme a hacerme radiografías urgentes de cadera y coxis, recomendación que por supuesto no voy a atender. Cada día soporto menos los tratamientos, las medicinas y a los médicos, aunque tenga tantos y tan buenos amigos galenos. Cada vez que me invitan a almorzar en estos días, envío por WhatsApp la foto del culo enmoretado y mis anfitriones se sorprenden, supongo que emitirán un alarido de sorpresa y me devuelven el WhatsApp diciendo todos lo mismo: “¿Estás loco? ¿Qué te pasó?”. No, no estoy loco, sino que me caí; más que loco -ya lo dije-, apollabobado. El lance me ha servido para salir poco, casi nada, y gastar menos, emulando una vez más a don Ebenezer.

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