el charco hondo

El amigo invisible

El intercambio de libros cuando empezó el debate fue la señal, Pedro Sánchez y Albert Rivera habían quedado para jugar al amigo invisible. A ambos les interesaba darse caña, chupar cámara, mostrarse irreconciliables. Olió a pacto, a altercado de conveniencia. En el aire flotó la sensación de que compartían guion, e intereses. Ambos necesitaban tapar a Casado, y para lograrlo era imprescindible el concurso de los dos. El PSOE necesita que Ciudadanos sume algunos escaños restándoselos al PP, interesa a los socialistas que la distancia entre ambos se reduzca para que la derecha no tenga un líder claro. Y, dos pájaros de un tiro, regalando protagonismo a Rivera han contribuido (o al menos lo han intentado) a mejorar las cuentas de una hipotética suma de PSOE con Ciudadanos. Hay más. Sabe Sánchez, y el PSOE, que Iglesias les ha abierto una boca de agua evidenciando que los socialistas no descartan un pacto con este Rivera. Quiso Sánchez combatir las dudas que él ha generado, de ahí que se mostrara especialmente duro con Rivera, con su amigo invisible. Saben los socialistas que esa ambigüedad arrastra a parte de su público a la idea de que, resultando claramente insuficiente esa cantinela de que Ciudadanos no está en los planes de Sánchez, hay que reforzar a Podemos para que el PSOE mire a la izquierda y no a la derecha de este Rivera (dada la evolución de Rivera, y de cara a posibles pactos, ¿sigue dándose alguna diferencia sustancial entre Ciudadanos y PP?, ¿por qué los socialistas descartan al PP y no a este Rivera?). Con Iglesias aprovechando como ningún otro los dos debates (inteligente, tuvo claro que poniéndose en modo-Errejón ganaría muchos enteros), y con Casado mejorando algo (a Casado le pasa con el PP lo que a Lopetegui le pasó con el Real Madrid, le queda grande), los amigos invisibles fueron a hablar de sus libros, a provocar que durante muchos minutos Iglesias y Casado se limitaran a mirar. Sánchez fue a patrocinar a Rivera y éste contó con la colaboración necesaria del presidente para encoger a Casado. Sobraron fotos, gráficos, sobreactuación, libros e interrupciones. Hemos visto a cuatro tíos hablando de política y mujeres en la barra del bar. Y dos jugando al amigo invisible. Poco más. Nada más.

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