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El muñeco de Coripe

Coripe es un pueblo de Sevilla donde se quema a un Judas por Pascua. Han vestido de Judas al prófugo Puigdemont y Torra amenaza con querellarse contra los vecinos. Ellos sí queman fotos del rey y colocan pegatinas rancias en los coches de la Guardia Civil, pero Coripe no puede -según Torra- ponerle la jerola de Puigdemont al haragán de Judas, porque esta es la España del fonil: la parte ancha para Cataluña, la estrecha para el resto. Torra no sólo es idiota, sino que cree que Cataluña es el culo de la Humanidad y a fe que lo está consiguiendo. Un culo que apesta a irracionalidad, injusticia y sectarismo. Me parece que en la tinerfeña localidad de Tejina prenden fuego también a un haragán y una vez le colocaron al muñeco la cara de un guardia municipal que se hinchaba a poner multas a los vecinos. Aquello originó cierta polémica, no crean. Yo tengo varios candidatos a haraganes para Coripe y para Tejina, pero me parece que el Judas de este año, o sea Puigdemont, es un acierto rotundo. Un tipo que ha montado una carajera en Cataluña y que ha salido por patas, dejando en la cárcel a unos cuantos y a otros desperdigados por Europa, no merece sino el desprecio. Me río yo cuando procesan a un alcalde por ponerle la luz a un vecino pobre, de estrángilis, y a todos estos golfos los va a indultar Pedro Sánchez si gana las elecciones y si son condenados por sedición, rebelión o lo que sea. Mientras tanto, el Judas incandescente de Coripe, arde. Si la cabeza es una réplica de la de Puigdemont va a tardar en ser consumida por el fuego, pues el personaje posee una envidiable melena, que le nace en las cejas. El sentido del humor de Torra lo tiene en las pelotas.

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