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El rastro de Santa Pola

Existe un rastro dominical en Santa Pola, la localidad costera donde pescaba en calzoncillos don Santiago Bernabéu, que alberga un impresionante estand de objetos militares y policiales. Por ejemplo, se venden placas auténticas de las policías de toda Europa y de los estados federales USA. También, uniformes, cajas de cartuchos muy atractivas, baúles de nuestros ejércitos y un montón de cosas, desde máscaras antigás a instrumentos de orientación para la tropa, cuchillos y todo lo que se pueda vender y no esté prohibido. Yo compré una placa de un derribo -o no- de un centro militar, por 20 euros, una placa de bronce muy bonita. Y como un día de estos voy a volver a Alicante me daré una vuelta por allí, a ver si me hago con cualquier otro objeto de colección. Son recuerdos ciertamente decorativos, que no tienen demasiado valor material, pero que pueden traer muchos recuerdos a los que tuvimos que hacer la mili por obligación, como es mi caso. Yo no recuerdo especialmente bien la puta mili, aunque he de reconocer que mi amigo el hoy coronel retirado Carlos Ramos Aspiroz me la hizo pasar con cierta comodidad. Incluso dejaba que le robara el coche y me pusiera su gorra de tres estrellas para que los alféreces chusqueros y algún teniente pulcro me saludara en el arco de Hoya Fría, al confundirme con él. Y yo, a dormir a mi casa. He contado pocas historias de esa puta mili, pero tengo alguna buena, como que me pasé meses y meses con un pase pernocta provisional y caducado, que me consiguió el capitán Luis Guiance, que además me obsequió con un permiso de un mes. El rastro de Santa Pola también me devolvió a aquellos tiempos de don Santiago, embarcado en una pequeña falúa, con pescador local incluido, pensando en su Real Madrid. Todavía existe un bajío con su nombre.

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