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En campaña

"Los sanchistas no deben estar muy convencidos de su victoria y, con la ayuda del sectarismo izquierdista mediático, que es mayoritario, han introducido en la campaña electoral dos temas sociales de radical importancia, que deberían ser transversales y estar al margen de la confrontación partidista"

El dinero de nuestros elevados impuestos -que Pedro Sánchez amenaza con elevar todavía más- sigue siendo utilizado para que el presidente del CIS continúe publicando falsedades bajo la forma de supuestas predicciones de resultados electorales: como era de esperar, todas ellas predicen un aplastante triunfo socialista y un derrumbe paralelo del Partido Popular. Además, el propio CIS reconoce que un porcentaje muy alto de electores todavía no ha decidido su voto, y ni siquiera si va a ir a votar, lo que equivale a reconocer que sus predicciones no valen para nada.

Sin embargo, los sanchistas no deben estar muy convencidos de su victoria y, con la ayuda del sectarismo izquierdista mediático, que es mayoritario, han introducido en la campaña electoral dos temas sociales de radical importancia, que deberían ser transversales y estar al margen de la confrontación partidista. El primero de ellos fue el feminismo. Pero no el feminismo de la igualdad entre varones y mujeres como una consecuencia lógica de la implementación de la democracia, sino un feminismo secuestrado por la izquierda más sectaria, que insulta a las mujeres de centro y de derechas, y que se define en lucha contra lo que llama “el heteropatriarcado capitalista”, cualquier cosa que sea eso. Olvidan estas feministas que todos los países -sin excepciones- en donde la mujer ha visto reconocidos sus derechos y libertades tienen una economía de mercado, mientras que en los pasados y presentes Estados comunistas el papel social y político de las mujeres ha sido -y es- un papel absolutamente subordinado.

La introducción en la campaña del segundo de los temas solo puede ser calificada de miserable. Una eutanasia, un suicidio asistido de una mujer que es grabado por La Sexta, a la que su marido y cooperador necesario en el suicidio ha avisado, y exhibido en la pantalla a una hora de máxima audiencia, sin ni siquiera silenciar los balbuceos ni ocultar el rostro doliente de la suicida, en un gravísimo e intolerable atentado a su dignidad como persona. En la izquierda española y, sobre todo, en la izquierda mediática vale todo.

Se trata de la eutanasia activa, del suicidio de una persona que no desea prolongar su sufrimiento, y que se diferencia de los cuidados paliativos, que buscan atemperar esos sufrimientos, y de la eutanasia pasiva o no encarnizamiento terapéutico, que es la supresión de los medios extraordinarios que prolongan la vida. Los dos últimos ya se emplean habitualmente en nuestro país, pero la eutanasia activa requiere un tratamiento diferenciado y no partidista por obvios motivos morales, éticos, sociales y de respeto a la dignidad humana. Requeriría, por ejemplo, la objeción de conciencia médica y garantías absolutas de que no encubre un homicidio. No en vano muy pocas democracias la han regulado.

Estamos asistiendo a una campaña electoral que demasiados partidos y candidatos interpretan como una campaña militar, una guerra, y, además, como una guerra civil -otra más- entre las dos Españas. Los candidatos de la derecha son examinados en televisión de feminismo y eutanasia; y los entrevistadores les ponen nota. Por desgracia, al final en esta guerra quien se suicida es la democracia.

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