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Los charcos de Canarias

Patrocinado por la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias y el apoyo del Feder europeo, es de próxima aparición el libro Charcos de Marea de Canarias. Nos introduce en un mundo tan cercano como desconocido. El autor, Alberto Luengo, ha coleccionado a lo largo de 5 años, unos 467/785 charcos–vasos en las 11 islas de Canarias, 7, más La Graciosa, Lobos, Alegranza y Montaña Clara. Aquí señala la existencia en Canarias de hasta 900 charcos, con “especies” aún por catalogar. Es heredero de dos anteriores, corredactados con Cipriano Marín. El Jardín de la Sal (1994), en el Programa Regis, MaB Unesco e Ínsula, con Manuel Hermoso de presidente de Canarias, y Tenerife y el Mar (1998), desde el Cabildo de Tenerife, prologado por Adán Martín. Soporte conceptual de las actuaciones realizadas en charcos de Tenerife, coordinadas con Costas Madrid.

Todo coleccionista es una especie evolucionada desde el Homo sapiens. Es un ser obsesivo embarcado en una aventura sin fin. Que le permite ver el mundo desde la distancia, lo que no evita que racionalice sus pasiones. Se coloca en una posición crítica, donde diluye las fronteras entre lo natural y lo artificial. Con su mirada cambia la naturaleza del objeto. Al bajar el tamaño de la lente, todo cobra otro significado. Va de lo particular a lo general, construyendo arquitecturas conceptuales. El autor es también coleccionista de arenas, tiene más de 3.000, 1.800 solo de Canarias y 1.200 del resto del mundo. Y 1.500 callaos de mar. Y más de 1.000 caracoles. Y colecciona fotos, de Canarias de los últimos 45 años, más de 100.000 imágenes ordenadas.

Actuar en la frontera activa de la costa nos sitúa en un mundo vivo, donde operan las distintas formas geológicas y biológicas, expuestas al tiempo. Formas erosionadas en continua transformación, conforman el terroir costero. Estaría como Humboldt viendo cómo interactúan las fuerzas de la naturaleza y cómo influye el ambiente geográfico sobre la vida. O como en las antiguas cosmogonías, contemplando las fuerzas de aire, mar, tierra y fuego. Hoy sostenibles “social, económica, ambiental y culturalmente”, como señalan el Informe Brundtland del 87 y la Declaración de Río de 1992. La colección de los charcos de marea naturales, le permite teorizar para acercarnos a los “charcos de marea artificiales”. Desde el conjunto de los referentes históricos, donde se concentra la cultura mundial de intervenciones costeras. Salinas, cotos de marisqueo, corrales de pesca, piscicultivos, arrozales y más. Se mantiene operando desde el detalle. Atento a situarlos en el lugar, mínima intervención con máximo efecto. Es un manual para enseñarnos a construir charcos.

Los charcos nos acercan al paisaje humanizado, categoría en la que los paisajes culturales superan a los naturales. La sintonía está en la identidad, en el reflejo de la inteligencia del hombre, testigos del ingenio popular. Abruma el peso de la sistemática, donde los charcos se clasifican por intervención, orografía, captación, tamaño y orientación, forma, carrera de marea, topónimos, tipos y colores. Solo en colores hay charcos blancos, negros, rojos, amarillos, verdes, azules, de espejo y de espuma. El detalle de mirar con detalle. Los Charcos se convierten así en un importante recurso, ligado al turismo que viene, que es de conocimiento, experiencia y singularidad. Aquí debemos superar proteccionismos y potenciar su uso complementario, con “intervenciones inteligentes”, como hoy nos señala Europa. Me gustan los libros de estampitas, que se pueden leer con las fotos y pies de foto, y el que quiera digiera los textos. Nuestro libro se expresa en imagen, filtrada desde la mirada en el tiempo de nuestro coleccionista. “No es real”.

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