después del paréntesis

El estadista

Si se dice “no” es “no”. En la estampa ideológica que sostiene al PSOE los arrimos a la derecha traen sobresaltos.

Es muy difícil levantar la cabeza cuando los barones deciden, de manera vergonzosa, aplastar al secretario general de un partido y tirarlo al sumidero como agua sucia. Una situación así sumiría en el peor de los quebrantos al agredido. Mas no a todos. Por una razón: los principios son los principios, confirman al ser y no a la conveniencia. Pedro Sánchez sostenía al PSOE por los ideales democráticos y socialistas. Ahí los valores ratifican la esencia, para convencer y para proceder. Es decir, los barones (de la Susana Díaz que tenía secuestrado al partido a Javier Fernández) no tenían razón, y en política la razón es la medida contra los subterfugios. Los que llevaron hasta lo más profundo del averno a Sánchez se encontraron con una sorpresa: en honor a la responsabilidad, a la dignidad y a la firmeza militante, habría de regresar a la Dirección y por votación directa. La palabra reprimida desveló y los asociados eligieron en conciencia. Lo que Pedro Sánchez mostró entonces es que el partido es el partido y como tal ha de mostrarse, sin contradicción.

Si se dice “no” es “no”. En la estampa ideológica que sostiene al PSOE los arrimos a la derecha traen sobresaltos.

Lo logró. Con esa convicción, no solo gobernó este país desde la izquierda (o desde el diálogo con Cataluña), sino que devolvió al PSOE a la senda de ganar las elecciones. Por eso los debates de la TV en las elecciones pasadas se mostraron sublimes. Un individuo singular e inteligente manejó la disputa con determinación. Hizo que el objetivo de los ataques no fuera él (Rivera contra Casado, Casado contra Rivera), que de lo que se dilucidara fuera de dos mundos antagónicos (izquierda/ derecha) y que en el lado de las repeticiones y de los ajustes (sistema financiero/ciudadanos) los tres estaban juntos (PP, Cs y Vox). Genial.

Semejante evidencia es lo que se encuentran hoy los barones (a los que Sánchez pidió que concurrieran a las elecciones con él y solo uno se atrevió, Ximo Puig, con consecuencias) y la derecha. No que han de recular porque se pasaron del centro o que el tardo y deprimente discurso centralista (la España de los Reyes Católicos) o neoliberal (Rivera-Arrimadas) sea asumible, sino que, por fin, este país cuenta con un político decidido y tenaz con verdadera pinta de presidente.

Por eso la derecha más derecha de la historia continúa ahí, sin término a la alternativa y sin un solo voto distinto a los que consiguió (147). Eso Pedro Sánchez lo consiguió y es aleccionador.

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