despuÉs del paréntesis

Expertos

Vi en una revista argentina una tira cómica. Primera viñeta: un señor y una señora se sientan en la grada para ver un partido de tenis.

Segunda viñeta: la señora pregunta: “¿Por qué dicen 15 si fue uno?”. Tercera viñeta: la misma: “¿Por qué ahora cantan diez si fueron quince?”. Cuarta viñeta: la señora se limpia la ropa por el brazo izquierdo y le suelta al acompañante: “¿Que no oíste al caballero pedir que no tiraran nada a la pista?” Así ocurre cuando te topas con acontecimientos de los que no tienes idea. Aunque las reacciones o los tropiezos llegan a ser sorprendentes según los casos, como ser en Canarias viceconsejero de Cultura por haberlo sido de Agricultura.

Lo contó un reputado profesor. Asistía como conferenciante a un pueblo conocido. Por razones protocolarias, lo acompañó el concejal de servicio, un absoluto ignorante. Cuenta el prócer que hacía calor y en un momento del acto el susodicho se levantó, se acercó al estrado, tomó la botella de agua, sirvió un tanto en el baso, bebió y comentó: “Está fresquista”. Las conferencias no disuaden; a saber qué oyen los idiotas.

Uno intuye que el mundo es sectario: los que saben y los que no saben. Si sí, al tanto; si no… Recorrí la noticia: un pequeño medio hubo de enviar a alguien para cubrir un partido de baloncesto. No había visto uno en su vida. ¿Cómo proceder? Interesándose con los que conocen.

Confesó el chico que su equipo había ganado y le revelaron que perdió por paliza. Lo concluyente en razón, pues, es que hablen los instruidos.

Profesionalidad, no ocurrírsele a alguien diseñar un edificio cuando no es arquitecto. Lo lícito esgrime dos posibilidades: el sentido común, ver y callar por no estar al tanto, y la inquietud, la necesidad inquebrantable de aprender. Mas en muchos casos (repito) nos pasma la insolencia banal y engreída.

Así, un amigo en Texas te compromete a asistir a lo que llaman beisbol o a lo que nombran rodeo. En un caso no entiendes cómo es posible que un inmenso estadio se llene de gente para ver un deporte (¿?) como ese; en el otro, cómo asumir que gente de la ciudad tenga tanto aprecio por los caballos o las vacas. Pero ellos contentos y tú lo compartes. Imposible, no obstante, ventilar el despiste. Por eso llegas a una conclusión: lo único salvable del acto fueron los perritos calientes, exquisitos. No opinas, no confundes. Es decir, lo estimable es que la decencia confirme: apreciar lo que se te acredita apreciar. Eso no está mal.

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