
Joan Margarit, que escribió sus primeros textos a los 16 años cuando vivía en Santa Cruz de Tenerife, ha sido galardonado con el XXVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, un reconocimiento que ha llevado al autor a la “alegría”, aunque sabe que “la certeza absoluta” sobre el calado de la obra no se descubrirá antes de dos generaciones, según señaló Margarit ayer tras conocerse el fallo.
El autor recuerda su estancia insular en una obra reciente, Para tener casa hay que ganar la guerra (Austral): “La Cordillera y la Punta de Anaga, impresionates una vez más, pero esta vez desde una pespectiva nueva, más desnuda, me despiden de un mundo que me ha acogido, ayudado y respetado. La tierra que más me ha querido”.
“Me interesa la cultura, lo demás no tiene solución”, indicó el poeta y arquitecto, quien a sus 80 años considera que tiene “todos los derechos” a no verse “mezclado” con la política. “Me he mezclado suficientes veces como para pedir ahora una tregua”, señaló.
No obstante, y preguntado por el asunto catalán, el galardonado lo define como un tema “conflictivo”. “Es el resultado de un conflicto que se resuelve con cultura”, señaló. Cree que en la actualidad “no es fácil hacer llegar la cultura a todo el mundo” y lamenta que debido a un “gesto inútil” de un político se puede retroceder “20 metros” después de haber avanzado uno. A su juicio, “la cultura es muy difícil de dar y muy fácil de quitar”.
Recientemente, Margarit ha publicado Para tener casa hay que ganar la guerra (Austral), un libro en el que investiga lo que pasó durante su infancia, su adolescencia y su primera juventud y lo que le lleavó a escribir “unos poemas y no otros”.
Según recordó, pasó su niñez en la posguerra y vivió muchas “privacidades”, aunque nunca tuvo una “infancia infeliz”. “Por dura que sea la infancia, si a un niño no le pegas y le das de comer, ¿cómo sabe qué es ser feliz o infeliz? Lo aprende solo”, señala. Margarit, Premio Nacional de Poesía en 2008, afirmó que de todos los galardones que ha recibido el que más ilusión le hizo fue el Premio Pablo Neruda, otorgado por la “brillantez de su lengua catalana”, según recordó. “Escribo en dos lenguas y me hacen ilusión. Hay que escribir una primera versión que ha de venir en lengua materna. No hay ningún gran poeta que no escriba primero en la materna”, afirmó Margarit, que huye de debates en torno al español y el catalán.
