
El hurto sigue presente en el entorno rural y las abejas no escapan a la apetencia de los que se prodigan como amantes de lo ajeno, aunque la inexperiencia depara el consabido escozor, ya que los cacos pasan a ser víctimas de las abejas. En la estampida queda el botín a pie de carretera, que sus propietarios suelen localizar envuelto en abrigos o sábanas, que en algún caso llevan el sello del Servicio Canario de Salud. El robo de colmenas se suma al fraude en la venta de miel, baja cosecha, enfermedades en los apiarios…
