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La universidad aburrida

El periodo de Antonio Martinón como rector de La Laguna se conocerá –si es que la historia se digna a reconocerlo- como el periodo más aburrido desde su nacimiento. Rosi Aguilar, la nueva rectora, tiene mejor sonrisa. Mientras la Universidad de Las Palmas se presenta ante la sociedad como más imaginativa y abierta, esta de aquí languidece y ofrece tonos mortecinos. Con razón dijo, in illo tempore, el periodista Miguel Tejera que Martinón tenía cara de mero a la plancha. Y Martinón, haciendo honor a su escaso sentido del humor, lo llevó a los tribunales. Ganó Tejera y generó otra ocurrencia, que no sé si fue de Chela o mía: uno de los dos dijo que Martinón de lo que tenía cara era de besugo al horno. Aquello parecía no una vista oral, sino un episodio de Master Chef, un pulso entre el mero y el besugo. A Martinón es difícil arrancarle una sonrisa y en la gestión es igual, un triste. Y mira que le han dado oportunidades desde aquel 23-F en que tiró para el Teide, por si acaso. Como si el Teide fuera inaccesible para los esbirros del poncio. Ahora, en La Laguna entra la alegría y espero que la buena gestión, hoy ausente. No sé por qué, pero el poder tiende siempre a hurtarle posibles a la universidad y a la justicia. A algunos no les interesa la prosperidad intelectual y tampoco la dotación de medios para perseguir y detener al malvado. Somos una sociedad, ya ustedes lo saben, que sólo va a escapar como puede de las quemas habidas y por haber. No interesan ni el saber, ni el ruido que meten los jueces y fiscales. En fin, bienvenida, Rosi, y ojalá tengas la suerte que el otro no tuvo; porque no dio una, el pobre.

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