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El TSJC ratifica los más de 56 años de cárcel a los dos asesinos de Toledo

Se desestiman los recursos presentados y se considera probada la confabulación para acabar con la vida del empresario chasnero
Los condenados y una de las letradas de la defensa, durante el juicio celebrado en la Audiencia Provincial . Fran Pallero

La Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) ha ratificado la sentencia impuesta por el asesinato del empresario tinerfeño Raimundo Toledo, validando así las penas impuestas en su día por la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife contra Sandra P. R. y Alexander R. R. como responsables de la confabulación para acabar con la vida de la víctima y heredar sus bienes. También se confirman las penas contra Diego Claudio G. G., quien participó en los hechos, acaecidos en diciembre de 2015, si bien nunca supo que el objetivo era matar al chasnero.

En concreto, la condena a Alexander suma un total de 29 años y nueve meses de prisión como autor de los delitos de asesinato, detención ilegal, utilización ilegítima de vehículo a motor y de daños con incendio, mientras que a Sandra P. R., considerada como la cerebro de este terrible crimen, le ha correspondido un total de 26 años y nueve meses de prisión por los delitos de asesinato, detención ilegal y daños mediante incendio.

Por lo que respecta al tercer encausado, Diego Claudio G. G., a quien el jurado popular absolvió del delito de asesinato, se le impone una pena total de 10 años de prisión como autor de los delitos de detención ilegal y de utilización ilegítima de vehículo a motor.

Estas penas son muy similares a las solicitadas por la Fiscalía y la acusación particular de la familia, ejercida por los letrados Antonio González Casanova y Candelaria Robayna,

A modo de resumen, y como se considera probado nuevamente por los tribunales, fue Sandra la que organizó el secuestro y asesinato de Toledo, movida por el dinero que correspondería en la herencia a su pareja, Carlos, un sobrino del empresario ajeno a toda esta terrible historia.

Para llevar a cabo sus planes, Sandra implicó a su amante oculto, Alexander, quien a su vez reclutó a Diego Claudio. También se hizo con un vehículo, un Seat Toledo, y un arma de fuego falsa.

Tras varias semanas de vigilancia, en diciembre de 2015 Alexander y Diego esperaron a que llegara Raimundo Toledo a su domicilio santacrucero y se introdujeron en el vehículo de la víctima.

Paliza cobarde

Tras un breve forcejeo, lograron reducirlo y atarlo y se dirigieron a un lugar no determinado en el sur de Tenerife, pero que está situado entre San Isidro y Cabo Blanco. Allí, Diego se marchó mientras seguía con vida la víctima (a él siempre le dijeron que el objetivo era cobrar una supuesta deuda, no asesinar al empresario), pero Alexander la emprendió a golpes con Raimundo, quien, ya mermado físicamente por los golpes anteriores y su avanzada edad, murió como consecuencia de la cobarde paliza, propinada mientras Raimundo tenía las manos atadas.

Posteriormente, Sandra acudió a un lugar convenido con Alexander y le proporcionó ropa limpia y un bidón de gasolina con la que incendiaron el coche con la fallecida víctima en su interior, despeñando el vehículo por el mirador de La Centinela, dentro del término municipal de San Miguel de Abona, donde fue localizado al día siguiente.

Elogios para el trabajo conjunto de Guardia Civil y Policía Nacional

Sin duda, uno de los datos más esperados de esta sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias pasaba por el recurso de Alexander, dado que, durante el juicio, sí artículo una línea de defensa elaborada, todo lo contrario que su cómplice, Sandra, cuyas intervenciones en la vista oral distaron mucho de siquiera, parecer, creíbles.

Ahora, el alto tribunal canario no ha dudado en elogiar “la exhaustiva investigación conjunta de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía” a la hora de geolocalizar, a través de su teléfono móvil, todos los movimientos realizados por este encausado en el día de autos.

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