El charco Hondo

Fue él

Hijo de Avelino Grande, policía municipal de Bilbao, dio sus primeros pasos como juez en el juzgado de primera instancia de Santoña, en Cantabria, donde le tocó instruir la investigación sobre el suicidio de Rafael Escobedo, condenado por el crimen de los marqueses de Urquijo. De allí se trasladó al de primera instancia número 12 […]

Hijo de Avelino Grande, policía municipal de Bilbao, dio sus primeros pasos como juez en el juzgado de primera instancia de Santoña, en Cantabria, donde le tocó instruir la investigación sobre el suicidio de Rafael Escobedo, condenado por el crimen de los marqueses de Urquijo. De allí se trasladó al de primera instancia número 12 de Bilbao, y de ahí al número 2. Su labor como instructor fue singularmente destacada después de nueve años al frente -en calidad de presidente- de la sección sexta de lo penal de la Audiencia Provincial de Vizcaya. Sintiéndose presionado por las constantes y crecientes amenazas de ETA, en 2003 decide instalarse en Madrid, donde en 2004, ya como magistrado, entra en la Audiencia Nacional como sustituto de Baltasar Garzón. Durante dos años, hasta 2006, ejerció en el juzgado central de instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, consolidando su prestigio con la instrucción de causas contra los miembros de la banda terrorista, paralizando manifestaciones de la izquierda abertzale o, entre otras decisiones que requieren integridad, valentía y compromiso, ordenando la entrada en prisión de Arnaldo Otegi. Fue él quien dio la orden de intervenir policialmente en el caso del Fórum Filatélico. Fue él quien se hizo cargo del accidente del Yak-42 en Turquía, que costó la vida a sesenta y dos militares españoles cuando regresaban de Afganistán; y si bien en 2007 atribuyó las responsabilidades a las autoridades ucranianas, tras reabrirse el sumario citó como testigos a algunos mandos de la cúpula militar y a dos ex ministros, acabando el caso con imputaciones por imprudencia grave. Fue él quien dijo
-escribió- que su condición de vasco residente en Bilbao, en los terribles días de los asesinatos de ETA y de la lucha contra el terrorismo, le llevó a rechazar rotundamente la violencia. Fue él quien dijo -escribió- que su condición de gay casado lo animó a dar la cara por aquellos que siguen teniendo una vida difícil en ciertos ambientes y países. Fue él quien dijo -escribió- que ser gay le causó serios problemas aquí y allá. Fue él, sí. Se llama Fernando Grande-Marlaska Gómez. Señor Girauta, ¿alguien con esta trayectoria personal y profesional merece la consideración de matón?