superconfidencial

No quiere caminar

Mi perrita no quiere caminar, tras su luxación de cadera. Ni subir escaleras. Tengo que llevarla en brazos a la calle –parezco Alfredo Landa con Fifí, en El vecino del quinto-. Una jodienda, porque la perra pesa cuatro kilos y yo no ando sobrado de fuerzas. Mi perrita ejerce sobre mí una indudable tiranía, pero ...read more →

Mi perrita no quiere caminar, tras su luxación de cadera. Ni subir escaleras. Tengo que llevarla en brazos a la calle –parezco Alfredo Landa con Fifí, en El vecino del quinto-. Una jodienda, porque la perra pesa cuatro kilos y yo no ando sobrado de fuerzas. Mi perrita ejerce sobre mí una indudable tiranía, pero compensa, porque me acompaña las 24 horas del día. No sé cuánto le va a durar esta manía, espero que se olvide pronto de su dolencia, que ya no existe, y que todo vuelva pronto a la normalidad. Como la tengo entre algodones, no le llevo la contraria y ahí estoy con la bolsita para la caca y el spray para el pis en el bolsillo trasero; parezco un pollaboba y ando por calles en las que no me vean, con la perra en brazos y bajándola al suelo de vez en cuando, por si quiere hacer una necesidad. Quién me ha visto y quién me ve, a mí, que criticaba a los mariconazos que andaban por ahí con un caniche, hombres como castillos. Yo no voy con un caniche, sino con una yorkshire y no sé qué será peor. Hay que ver cómo cambia uno con la chochez inevitable de la edad. Pierde reflejos, pierde capacidad de reacción y se abandona a la voluntad de la perrita, que es ahora la que manda. Aquí la tengo, mientras escribo, con una sonrisa burlona en su cara y mirándome fijamente, quizá pensando en lo que me espera esta tarde. Vuelta a la calle, vuelta al ridículo, vuelta a la caca y al pis y vuelta a casa, agotado, con el brazo izquierdo medio dormido y la sensación de que la gente me mira y se burla. No hay nada como llegar a viejo, coño.