conversaciones en los limoneros

Rosi Aguilar, rectora de la ULL: “Nuestra universidad es como una flor cerrada que necesita agua y luz para abrirse”

Ella no lo dice, pero tuvo que soportar la parcialidad de quienes tenían que ser imparciales en el proceso electoral. Ganó ampliamente a las otras dos candidatas en la segunda vuelta, pero estuvo a punto de derrotarlas en la primera, algo casi imposible cuando se presentan tres
ROSI AGUILAR ANDRÉS CHAVES
ROSI AGUILAR ANDRÉS CHAVES
Rosi Aguilar, rectora de la ULL. / Fran Pallero

Su padre, emigrante, murió cuando Rosi tenía tres meses y medio, en un accidente, en Venezuela. Su madre, que apenas sabía leer y escribir, tuvo que regresar a las Islas y fregar pisos para darle carrera a ella, a su hermana mayor y a una prima, que para ellas es como otra hermana. Tiene una sonrisa que cautiva y un entusiasmo que derriba cualquier muro. Es cercana y sincera. Rosa María Aguilar Chinea (Arure, La Gomera, 1970) es la nueva rectora de la Universidad de La Laguna. Ella no lo dice, pero tuvo que soportar la parcialidad de quienes tenían que ser imparciales en el proceso electoral. Ganó ampliamente a las otras dos candidatas en la segunda vuelta, pero estuvo a punto de derrotarlas en la primera, algo casi imposible cuando se presentan tres. Le faltó un puntito y poco. Confieso que, tras la entrevista, tuve la sensación de haber ganado a una amiga. Fue seis años vicerrectora con el profesor Doménech. Los camareros de Los Limoneros quieren fotografiarse con ella; Mariano Ramos le regala productos gomeros de su cosecha. Esta mujer es un ciclón. Catedrática de Ingeniería de Sistemas y Automática, sólo cinco mujeres lo son en España. Y unos 73 hombres.

-Has entrado en una universidad aburrida y antigua. La de Las Palmas es otra cosa.

“Eso puede ser una percepción tuya, pero no es la realidad. Tenemos títulos muy buenos, muy creativos, pero quizá no hayamos sabido venderlos. Voy a cambiar eso y voy a poner a nuestra universidad en permanente contacto con la sociedad, creando otros más”.

-¿Eres consciente de que boicotearon tu candidatura desde arriba y desde el principio? Quien tenía que ser neutral no lo fue.

“Yo no entro en guerras. Si la universidad se deja manipular, nada vale la pena. Por eso nunca tuve miedo a perder. Tenemos una universidad moderna, en donde la gente puede decir lo que quiera y no hay que enfadarse porque cada uno exprese sus opiniones”.

-¿Y la familia? -un marido y dos hijos-. ¿Te dará tiempo de todo?

“Como a cualquiera. Yo creo que mi marido admira lo que he hecho y mis hijos, igual. El mayor, que tiene 19 años, participó en la campaña al rectorado”.

-En la del Vamos Rosi, que tanto éxito tuvo.

“Sí, sí. Y hay una norma: en mi casa no se trabaja, ni se habla de trabajo, sino que se disfruta”.

-¿De quién te acordaste más cuando fuiste nombrada rectora?

“De mi madre, que no lo ha podido ver. Mi madre ha sido el referente de mi vida. Trabajó muy duro para darnos carreras a mi hermana, a una prima y a mí. Cuando murió se me cayó el mundo encima. Mira, te voy a contar algo. Ella apenas sabía leer y escribir. Y en los ratos libres, que eran pocos, siguió los cursos de Radio ECCA e hizo la EGB, por delante de mí, para poder explicarme las asignaturas que ella ya había estudiado. Se vino a Santa Cruz, desde La Gomera, para que nos formáramos en colegios adecuados; yo estudié en el Hogar Escuela con becas”.

-¿Qué es la Ingeniería de Sistemas y Automática?

“Conseguir que el ascensor que tú vas a usar sea el primero que está disponible, mediante programación. Lograr que el cinturón de seguridad de un coche, gracias a ciertos detectores, se active sólo cuando hay un incidente que lo requiera. Predecir, de forma automática, la generación de campos eólicos; es decir, cuánto vamos a generar mañana para que se queme menos energía convencional. Estamos trabajando en esto con el ITER. Se trata de regular el mundo; y el mundo es puro sistema”.

-¿Te han dicho alguna vez que eso no es cosa de mujeres?

“Lo tengo superado. Podría pensarse que estas actividades están creadas para los hombres, pero ya somos cinco catedráticas en España. Y 73 catedráticos”.

(Con la Ulpgc, en la que Rosi se licenció –luego se doctoró en la ULL-, la rectora trabajaba, en el momento de su elección, en un proyecto precioso. Se trata de detectar en los rostros de los turistas sus emociones y sentimientos para valorar lo que les ha parecido el destino. Se meten en la computadora datos increíbles de esas emociones y esos sentimientos; por ejemplo, el asco, la tristeza, la alegría y algunos más. Y se analizan los comentarios en las redes sociales. Todo eso llevará a una conclusión sobre el valor y la calidad del destino de Canarias como comunidad receptora de turismo).

“Nosotros enseñamos a las máquinas a identificar los sentimientos y las emociones. No me digas que no es interesante”.

-Entonces la ULL no es aburrida, según tú.

“No te empeñes. Por ejemplo, estamos en los primeros pasos de un proyecto precioso para que los centros de atención sanitaria primaria detecten el TEA, los trastornos del espectro autista. Seguimos un programa en colaboración con el neurofisiólogo doctor González Mora. Les presentamos a los pacientes paisajes, caras y otras imágenes y valoramos sus reacciones. Esto permitirá diagnosticar la enfermedad, a partir de ciertas señales, en un ambulatorio. Se ganará en tiempo y economía sanitaria. ¿Te parece aburrido?”.

-Pues no. En algunas entrevistas te han preguntado que si eres feminista.

“Qué tontería. Lo soy dentro de la normalidad. Una vez le dije a mi madre que me enseñara a cocinar. Y ella me respondió: “Rosi, si has sido capaz de sacar esa carrera, ¿cómo no vas a aprender tú sola a hacer un potaje?”. A esto yo lo llamaría feminismo en vena”.

-Perdona, soy un profano en lo tuyo. ¿Y esos circuitos milimétricos, y esos componentes, también los fabricas?

“No, eso ya viene todo hecho y además son muy baratos. Lo interesante es la programación, y lo más difícil, porque se trata de aplicar la lógica”.

ROSI AGUILAR ANDRÉS CHAVES
Rosi Aguilar, rectora de la ULL. / Fran Pallero

-¿Fuiste una estudiante brillante?

“Tenía que serlo, porque estudiaba con becas; pero cuando llegué a la universidad creo que aprobé una sola asignatura en el primer año. Noté el cambio. Luego me recuperé, claro”.

-Disgusto para tu madre, supongo.

“Ella confiaba mucho en mí. Yo me lamentaba, de niña, de que a mis compañeras de clase las llevaban los papás en coche al colegio; y el mío había muerto. ¿Sabes lo que hizo mi madre? Trabajó más duro, se sacó el carné de conducir y sembró y vendió papas para comprar un coche y poder llevarme a clase. Así era ella”.

(En las vacaciones gomeras de Arure, en la casa de su abuela, jugaba con los niños de su edad. Hacía ruindades, metían un palo en las colmenas y salían corriendo. Y cuando sus hijos se quejan de que la ven poco, Rosi les dice: “Niños, es que mamá está trabajando para cambiar el mundo. Y eso lleva tiempo”. Jugó al baloncesto, primero de alero y luego de base, porque paró de crecer, tras una operación de sus rodillas. Cuando se fue a quejar al médico, el doctor De la Barreda, éste le dijo: “Rosi, ¿cuánto medía tu padre?; ¿cuánto mide tu madre? No es consecuencia de la intervención en las rodillas, lo que pasa es que tú quieres sembrar peras y recoger melocotones”. Y entonces comenzó a entrenarse como base, con los ojos vendados y buscando el balón para botarlo, porque no estaba acostumbrada).

-¿Qué fue lo que te animó a presentarte al Rectorado?

“Yo siempre intento ser racional. Veíamos que la Universidad necesitaba un cambio y que yo tenía cualidades para llevarlo a cabo. Creo que la Universidad de La Laguna es una flor cerrada, que necesita agua y luz para abrirse. Pero te aseguro que hay verdaderos monstruos trabajando en ella”.

-Es preciso vender esa realidad.

“Estoy de acuerdo, vamos a ver cómo lo hacemos. Ya te dije que estamos cambiando el mundo, yo creo en eso y lo transmito, a lo mejor es que soy una ingenua”.

-Perdona, pero con ese encanto personal que tienes, tu marido debe estar muy enamorado de ti. (Su esposo es Francisco González, que ejerce como aparejador).

(No se ruboriza, pero asiente. Reconoce que no le gusta escribir, que se desespera cuando programa porque quiere llegar al final y que pretende cambiarlo todo siempre).

“¿Sabes?, yo soy así y como intente demostrar lo que no soy, la fastidio. Me pasó en la campaña, que leí un discurso rimbombante ante el claustro y me salió fatal. Porque no era yo, ni aquellas eran mis expresiones habituales. Luego gané mucho en el turno de preguntas, la verdad”.

(Y me habla de la suficiencia de algunos alumnos de los másteres, que quieren pillar a la catedrática haciendo preguntas que están leyendo en sus ordenadores, a través de Google. “Pero los calé y entonces les dije: “Oye, mira a ver qué dice Google, pregúntale si lo que yo digo es correcto”).

“Mi hijo mayor me comentó hace tiempo que cuando terminara el curso quería hablar conmigo. Yo insistía para que me lo contara en aquel momento. Pero no hubo forma. Y pensé lo que cualquier madre: se va de casa, hay una novia embarazada…”.

-Joder, qué agonía. ¿Y qué ocurrió?

“Cuando le pregunté de nuevo, ya al final del curso, y con todo aprobado, me dijo: “Ah, no te preocupes; es que me cambio de carrera”. Ahora entra en tercer curso. Para mí fue un alivio, porque me temí lo peor”.

(Una vez, siendo Rosi estudiante, fueron 15 a manifestarse en la Plaza de los Patos, frente a la antigua Presidencia, cuando cerraron la delegación en Tenerife de la Facultad de Informática, que dependía de la Ulpgc. Y para que la asumiera la Universidad de La Laguna. “Éramos nosotros 15 y 10 policías nacionales; en total, 25. Un señor que pasaba por allí me preguntó qué hacíamos en la plaza con aquellos pitos y se lo conté. Me respondió: “Mejor será que se vayan, porque todos los políticos están en La Palma, en el baile de los enanos”. Yo no se lo conté a mis compañeros para no minar su moral y seguimos pitando”).

-Más tarde consiguieron un hangar de Los Rodeos para las clases.

“Sí, al borde de la pista; y cada vez que despegaba un avión se nos caía el techo encima. Bueno, ocurrió dos veces. Salimos corriendo y aquello se desplomó. Fíjate las vueltas de la vida: siendo estudiante se me cae el techo del hangar y siendo rectora acabo de recoger el sello de la NECA que nos convierte a la ULL en centro informático reconocido internacionalmente por la Unión Europea. Airbus y Siemens, por ejemplo, no contratan a nadie que no se haya formado en un centro con el sello NECA”.

-Dame algunas cifras de tu nuevo centro de trabajo.

“Que somos 1.200 profesores, 800 PAD (personal de administración y servicios) y 18.000 alumnos. Y uno más, que en los próximos cuatro años se jubila el 55% del profesorado de nuestra universidad. A ver qué hago”.

(Tiene un coche pequeño y redondo, de los golpes que le da. “Es que las columnas de mi garaje se cambian de sitio cada día y me despistan”. A Los Limoneros ha ido en su coche, ha pedido unos huevos fritos y, de postre, unos huevos moles con gofio. Ya digo que es cercana, nada sofisticada, extremadamente sencilla).

“Mi hermana Ana Lidia, en funciones de madre, me compra la ropa, porque dice que una rectora no puede ir en vaqueros”.

(Me pregunta, siempre sonriendo, si yo creo que puede seguir yendo al carnaval de día y que la fotografíen con una copa. Y le digo que por supuesto que sí. Y hace una reflexión: “Yo creo que no se puede ser un buen profesional sin ser una buena persona”).

-¿Siempre fuiste una líder?

“Fui scout, era una buena estudiante, pero no fui nunca una líder; las líderes eran otras niñas más dispuestas”.

-¿Y qué ha marcado tu vida?

“Muchas cosas. Mira, en uno de mis partos me quedé fatal. Me sentía agobiada. Una amiga, preocupada, fue a recogerme a casa y me dijo: “Deja al niño ahí, que está bien cuidado, y nos vamos a tomar un barraquito”. Y fuimos. Y a partir de ese momento volví a salir, me sentí mejor y llevaba al bebé a todas partes. Le di la vuelta a mi actitud con un sencillo cambio de hábitos de un día. Recuerdo que otro amigo me regaló por entonces un libro, Un viejo que leía poesías de amor. Y ese libro también me enseñó a volver a vivir”.

(Le comento a Rosi que tiene una secretaria, Alicia, que es un machete. Y que le mide los tiempos. Y que ella se tenía que marchar a las cuatro de Los Limoneros y que ya son las cinco. Y se ríe: “Alicia es una amiga y también me animó para que me presentara al Rectorado”. Y me cuenta que influyó igualmente en su decisión una jugada que el equipo rectoral anterior le hizo a un amigo profesor, que trabajaba en un título para videojuegos. Y me informa de que Fred Olsen variará la ruta de sus barcos para no estresar ni herir a las ballenas del Sur, ya que la Universidad de La Laguna investiga por qué se están muriendo las crías de calderones en ese mar. Reconoce que existen muchos intereses creados en el sector, pero es preciso proteger su hábitat).

-Estaría hablando con Rosi toda la tarde; me cautivó como ser humano y como científica.

(Al final nos tomamos un chupito de orujo para celebrar el encuentro. Y brindamos, ya no me acuerdo por qué. O a lo mejor sí:)

“Tenemos que ser sostenibles y valientes. Y hablar siempre desde donde hay que hablar, desde el punto de vista científico”.

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