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Cosas de cine

Estoy intentando encontrar objetos que me transporten a los antiguos cines: desde rollos de películas a carteles de filmes famosos

Estoy intentando encontrar objetos que me transporten a los antiguos cines: desde rollos de películas a carteles de filmes famosos. Pero no he tenido suerte. Yo creo que los restos de los viejos cines, desde los proyectores a los carteles, a las butacas de madera plegables, han acabado en la basura. Y yo estoy loco por hallar algunos de estos recuerdos. Fui operador de cine por un tiempo, en una máquina de carbones. La manejé en el cine club que el padre Lucinio García, un fraile agustino luego exclaustrado y casado, fundó en el Puerto de la Cruz. El padre Lucinio era un tipo estupendo, un gran pintor y una excelente persona. Burgalés, tenía una letra preciosa que yo imité con éxito porque la caligrafía ha sido siempre mi fuerte, desde que era un niño. Era un profesor estupendo, que un día perdió la vocación sacerdotal, se enamoró de una amiga y se casó. He perdido su pista, no sé si está vivo o muerto, lo he buscado sin éxito en Internet. A mí me enseñó a manejar el proyector OSSA de 35 milímetros Carmelo Reyes, lo he contado alguna vez. Carmelo, orotavense, era un verdadero especialista en estas máquinas, algunas de las cuales se encuentran en Internet por 500 euros, en perfecto estado. Con su hermano Ismael, eran propietarios de Radio Reyes, que estaba presente en todas las fiestas porque manejaban como nadie micrófonos y altavoces. Radio Reyes era garantía de calidad. Pero es una pena que no encuentre ningún recuerdo de los viejos cines, aunque seguiré buscando, porque el cine siempre fue una de mis artes favoritas. Cámaras de televisión y utensilios de radio sí los tengo, pero me faltan recuerdos de aquellos magníficos cines de antañazo, de aquellas películas que fueron el inicio de mi afición por el séptimo arte.

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