Tribuna

Cuando el monte se quema algo tuyo… (I), por Salvador Pérez

Por Salvador Pérez Uno ha vivido estos días de fuego entre la intensidad, la tristeza y la reflexión. Y por tres motivos : por habitante de un pueblo de campo, La Guancha, con el monte a tiro de piedra; por educador, de ellos cuatro años de maestro en Gran Canaria, y preocupado por temas de […]

Por Salvador Pérez

Uno ha vivido estos días de fuego entre la intensidad, la tristeza y la reflexión. Y por tres motivos : por habitante de un pueblo de campo, La Guancha, con el monte a tiro de piedra; por educador, de ellos cuatro años de maestro en Gran Canaria, y preocupado por temas de naturaleza; y, también, por ser viejo periodista, presente a pie de fuego en el primer gran incendio de Tenerife, en 1983, junto a un alcalde ahora de actualidad por ser el padre de Federico Grillo, el hombre estrella, con perdón, de esa tempestad de fuego e impotencia, de desolación y angustia, de esperanza y reflexión para el futuro, camino abierto… para cambiar.

Y por Federico Grillo, ese mirlo blanco (mejor pinzón azul de Inagua) de los periodistas, pues siempre da noticias, avances, pensamientos nuevos. Uno lo conoce de niño y este sorprendente personaje ahora de actualidad tiene un poso (con ese) de atrás. Su abuelo, don Bernardo, era así: tranquilo y sosegado, que transmitía solo las palabras imprescindibles, emigrante primero, en Venezuela y después agricultor de enjundia, que ofrecía siempre colaboración a los demás: que sabía lo que era el campo y amaba su trabajo.

Después su padre, Pepe Grillo, un hombre que se convirtió, sin duda alguna, en el mejor alcalde de la historia de su pueblo. Por sus obras le conoceréis. Comprobar cómo era La Guancha de 1979 y lo que se logró en sus 22 años de mandato. Por supuesto que tuvo errores y fallos. Como todo ser humano. Ya se sabe que solo rompe los platos quien los friega, pero no se puede olvidar que el pueblo le dio su respaldo, con mayoría absoluta, durante cinco mandatos. Y es que con un equipo formado por gente trabajada en obras comunitarias, que con rapidez se lanzaron a hacer obras que cambiaron, de arriba abajo, la cara del pueblo. De un municipio mortecino, desconocido, metido allá en lo alto de los Altos, pasó a ser una población vigorosa y enaltecida, segura de sí misma y abierta a los cuatro puntos cardinales recibiendo influencias de fuera y sin olvidar lo de dentro. De ser el pueblo de la rayita (por no recibir un duro en los repartos provinciales) a ser un municipio pionero y reconocido no solo a nivel regional, sino incluso nacional por la magnitud de sus obras y proyectos, imitado y aireado en otras pieles y otros territorios. Y pongo tres ejemplos indiscutibles: el Instituto, el Casino, las Ferias: estás últimas, las más importantes de España, con 550 artesanos trabajando en vivo y más de 130.000 visitantes en cuatro días. Y con César Manrique exhibiendo sus cuadros…

Para Federico Grillo ese fue un poso de respeto a la tradición y a la naturaleza, con un padre alcalde preocupado por el paisaje y por las construcciones fuera de sitio, con las pistas agrícolas y los caminos limpios y ordenados, con el monte cuidado…

Y cuando tenía nueve años, Federico estuvo una semana sin clase. La razón es el gran incendio forestal del Norte de Tenerife que afectó a siete municipios, desde Los Realejos a Santiago del Teide, y que daño una superficie de 6.822 hectáreas. Fue un 24 de septiembre de 1983. Era un sábado, día de mi cumpleaños, y yo venía de trabajar en el periódico y subiendo La Guancha contemplo los humos del incendio que comienza por el barrio realejero de Icod el Alto. Fue más de una semana de continuo fuego, con el maravilloso pinar del Norte tinerfeño ardiendo y con los medios aún en veremos, con unos ayuntamientos pobres de recursos y personal. Recuerdo a Grillo padre organizando, buscando herramientas, a pie del fuego día y noche, sin olvidar aquella madrugada del 26 de septiembre, a las cinco y media de la madrugada, en que el fuego llegó a La Guancha.

Este Federico Grillo que tan bien transmite no ha llegado de carambola. Con altibajos escolares, como el padre, se lanzó a estudiar y prepararse y hoy nos ofrece una batería de respuestas a una pregunta como el incendio de la información, bosques estresados, el hombre afecta al planeta, un problema de la sociedad urbana, como hormigas delante de un elefante, no somos héroes…

Y en tono humilde, didáctico, cercano, dando importancia a los demás y sin querer ser un sabelotodo. Esperemos que descanse para bien de todos y que deje de ser una estrella mediática. Tiene buena cabeza para gestionar esta situación. Y son sus propias palabras: “No busco fama ni ser un técnico estrella; lo único que quiero es ser un profesional que hace su trabajo y punto”. Amén.

Y además lanza esta carga de profundidad: “¿Estamos dispuestos a que nos cobren más impuestos por tener un parque cerca de nuestra zona, porque vivimos en un entorno que lo hemos descuidado y tenemos jardines con especies muy inflamables?”. Y es que pensamos que el monte es mío. Un espacio para solaz y entretenimiento, como de finde (que banalidad de lenguaje, como los socorridos cole o peli), caminar, correr, hacer senderismo, chuletadas, comilonas, cazadores, bicicletas de montaña, motos, quads… y así un sinfín de actividades para un entorno que debemos cuidar y respetar. Y es que cunda el ejemplo de la limpieza y no esas montañas de basura que llegan a las cumbres de Tenerife, especialmente, La Palma y Gran Canaria cuando cae la blanca bendición de la nieve. Una vergüenza que sonroja cada vez que sucede. O aquellos alemanes que hicieron recientemente fuego en el entorno de Las Cañadas. O las imprevisiones de la soldadura del primer incendio en Gran Canaria. O la quema de rastrojos. O esa torreta eléctrica que dicen que fue el origen del segundo incendio grancanario. O los pirómanos de baja estofa. Y cuando llega la hora de la verdad del incendio, el momento decisivo, fatídico de una naturaleza revirada, indomable… todos miramos al monte.

Y junto con todos esos detalles, vivimos en un planeta también estresado, con los plásticos como gran peligro, “decir que el cambio climático no existe es de descerebrado, pero hay que ver su influencia”, dice Federico Grillo. Y ahí tenemos campando a gentes como ese Bolsonaro con la Amazonia en apuros, ese Trump que quiere comprar Groenlandia: para derretirla, o aquel Bush hijo que decía que había que cortar los árboles para evitar los incendios.

Y la pinocha de los montes y la falta de campañas de sensibilización ciudadana ante los incendios. Y la solidaridad de la gente cuando llega lo peor. Y la necesidad de más educación para empezar a que los niños y jóvenes se acerquen al monte. Y campañas para consumir lo nuestro y que el campo no malviva. Y que no veamos otra vez a Gran Canaria, desde el propio Tenerife, como una antorcha en la noche lagunera.