otras coordenadas

Isla cárcel-isla horizonte

Ahora que se quién soy, solo me quedan los sueños que decido tener”, Pessoa, 1930. A quienes somos de islas, se nos hace difícil ver el mundo ajeno a la realidad que construimos, al borde del mar como frontera. De manera que la isla se convierte en una de las claves para abordar nuestra identidad. La discontinuidad del territorio, el mar en su infinitud, nos coloca ante la posición de principio o término. Generando sentimientos de negatividad y condena o de exaltación y optimismo. Así entendemos la isla como cárcel y como horizonte.

En Pintura y Poesía-La Tradición Canaria del Siglo XX -julio 2017-, Fernando Castro y Andrés Sánchez Robayna, nos introducen en el signo isla, una de las claves literarias y artísticas de Canarias. Modo en que el creador aborda su condición insular. Donde la relación entre la naturaleza y el mito son símbolos universales que funcionan como imágenes. El espacio físico se transforma en experiencia y sentimiento. Nos mueve el desarraigo de la insularidad como presidio, que pinta Juan Ismael y canta Pedro García Cabrera, “el hombre canario se enclaustra o se lanza a buscar nuevos horizontes”, y exalta Alonso Quesada en El lino de los sueños (1915) y en el Diario de un sol de Verano, Domingo López Torres. Donde el mar es lontananza y límite, el horizonte de los deseos. La isla cárcel nos lleva al pasado y a la noche y la isla horizonte hacia el futuro y la luz. Esta expo de TEA fue suprimida por Presidencia del Gobierno, en sus crisis de identidad y atrapada en el bucle del Metoo.

En la historia recordamos a Canarias, como Islas Afortunadas, más allá de las Columnas de Hércules, en el Jardín de las Hespérides. Restos que fueron del reino hundido de la Atlántida. Mundo siempre inacabado, deseo de recuperar algo perdido, nostalgia de un pasado legendario, promesa de una nueva civilización. El mito de San Borondón, representa la cercanía de un mundo mejor, el carácter fugaz y esquivo de una isla encubierta e inaccesible. Cuya imagen se vuelve más real cuanto mayor el deseo de encontrarla. Existe en el imaginario colectivo, allí donde nos refugiamos se torna visible.

Huérfanos de identidad, confluimos todas las culturas atlánticas. Atrapados quedamos en nuestras fronteras emocionales. De manera que la añoranza, la tristeza, la melancolía, la nostalgia, se convierten en nuestra esencia espiritual. La saudade portuguesa, la morriña gallega, la morna caboverdiana, la magua canaria simbolizan el lugar de origen, el regreso subconsciente al seno materno, el arrebato de la tierra primigenia. Como canta José Saramago, 1922-2010, Nobel portugués (1998), que desde Lanzarote en El cuento de la isla desconocida (1997) nos devuelve al mito de San Borondón.

El alma canaria se mueve pulsada entre la cárcel y el horizonte. Lo hemos vivido con las últimas elecciones, regionales, insulares y en Santa Cruz. Coalición Canaria se ha visto desalojada del poder, al haber desequilibrado los componentes de cárcel y horizonte, de su oferta electoral. Al ofrecernos más pasado que futuro, más noche que luz, más obligaciones que oportunidades. Con mayor desconfianza en su liderazgo regional, alejada del sentir de la calle. Ha perdido el horizonte como frontera entre lo real y el sueño. Lo sustanciamos para el caso del Cabildo de Tenerife. Cuando en su Programa 2030 plantea afrontar los retos del futuro apoyado en su Marco Estratégico de Desarrollo Insular, MEDI 2016-2025. Y al tiempo nos aleja del presente, llevándonos a una cárcel donde todo está limitado, la realidad de la gestión contra el sueño del marketing. Desconfía de las capacidades propias de su sociedad civil y activa, que exige horizontes y se la enreda entre los múltiples barrotes que construyen para su isla cárcel.

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