el bÚho de minerva

La Amazonía se quema

Cuando era niño siempre escuché una frase que impresionó mis sentidos y aún hoy lo sigue haciendo: el Amazonas es el pulmón del mundo

Cuando era niño siempre escuché una frase que impresionó mis sentidos y aún hoy lo sigue haciendo: el Amazonas es el pulmón del mundo. Pues, bien, hoy este pulmón está en peligro porque arde de sur a norte y de este a oeste. Y si tenemos por cierto que una persona no puede vivir sin pulmones, no menos cierto es que el planeta Tierra tampoco. Por tanto, la preocupación por este nefando acontecimiento debe de ser máxima. Sin embargo, la realidad es que, tristemente, poca gente es consciente del grave problema que supondría quedarnos sin la Amazonía. ¿Pero cómo es posible esta despreocupación?

Si mañana nuestra casa se incendia, de inmediato lo notaríamos y pediríamos ayuda urgente a los bomberos para apagar el fuego. Una de las promesas de la globalización es que el mundo iba a convertirse en una aldea global. ¿Entonces? Pues, que no solo dicha promesa ha caído en saco roto, sino que, en esencia, era una falacia y una mentira pronunciada aposta para ocultar que la globalización solo tenía intención de ser una red mundial de intereses comerciales e intercambios económicos, es decir, la cristalización de un capitalismo sin fronteras. De aldea global nada de nada; de toma de conciencia colectiva de las realidades socioculturales de nuestro mundo, cero patatero.

Quiero, antes de seguir, que se hagan una idea, siquiera somera, de la importancia que tiene la selva tropical para el clima y para el ecosistema. Esta funciona como receptora del dióxido de carbono y productora de oxígeno, y también como refrigeradora de la atmósfera a través de la evaporación de la humedad. Es un hecho científico que el calentamiento global se debe al exceso de dióxido de carbono en la atmósfera. La cuenca amazónica posee el 40% del total de selva tropical del mundo, por tanto, la deforestación masiva que ha sufrido la Amazonía, ya sea por el fuego o por la depredación humana -retroalimentándose ambos, ya que se piensa que muchos fuegos son intencionados- representa un peligro muy serio para el planeta y su habitabilidad, debido precisamente al incremento de dicho calentamiento. Cuando hablo de depredación humana me refiero a la tala indiscriminada de árboles para aprovechamiento economicista del suelo liberado; minería, agricultura industrial, ganadería expansiva y construcción de carreteras. Es decir, explotación del suelo para generar beneficios, sin tener en cuenta el daño ambiental que esto produce. Y es que al dinero solo le importa el dinero. Y a todo este despropósito lo llaman desarrollo y progreso.

Este problema se ha agravado por la llegada de Bolsonaro al Gobierno de Brasil. Jair Bolsonaro, un fascista y un loco, ha frenado las políticas proteccionistas para la cuenca del Amazonas. Para él la Amazonía es una especulación crematística. El mandatario brasileño niega el cambio climático, no le importa la riqueza y la diversidad medioambiental que existe en el Amazonas, ignora oprobiosamente los grupos humanos que allí viven, los pueblos que allí habitan, tribus y colectividades ancestrales que deberían ser patrimonio de la humanidad. Y es que ellos, como escuché de boca de un activista, son los ciudadanos del Amazonas. Para Bolsonaro son humanidad desechable. Aquí, como mencioné antes, la globalización, que ha devenido a mito, fracasa estrepitosamente en un concepto que postuló: la ciudadanía global. Otra promesa falaz. Bolsonaro, según un documento que leí, tiene planes devastadores para la Amazonía, va a intentar poner en práctica una política desarrollista agresiva y quiere enfrentar a los pueblos amazónicos para que no sean un estorbo para sus planes. Tienen que frenarlo como sea, es una locura que un gobernante de un Estado pueda poner en peligro al mundo. ¿Dónde está el gendarme de la Tierra? Debería estar poniendo orden en todo esto. Pues, muy al contrario, Trump apoya a Bolsonaro. Entre locos anda el juego. Se han dado cuenta la cantidad de orates que están al frente de gobiernos en el mundo. Pavoroso. Pero el búho de Minerva, que tiene voluntad de verdad, cree que hay algo oculto y que hay que desvelar. ¿Qué causas primeras se esconden tras el desprecio a la Naturaleza que es evidente en el comportamiento humano a partir de la modernidad?

El hombre actual ha consumado su ruptura con la Naturaleza. Mientras que los griegos consideraban la physis (lo natural) superior a la techné (la tecnología), hoy se ha invertido dicha consideración, lo tecnológico y lo artificial es valorado muy por encima de lo natural. La Naturaleza es lo otro, y lo otro a dominar. Y es la tecnología precisamente el medio para ejercer dicha dominación. Revisitando lo griego de nuevo, para ellos no había oposición entre el mundo de los seres humanos y la Naturaleza, sino una continuidad y totalidad con ella. La Naturaleza para los griegos, que eran politeístas, estaba divinizada, mientras que en la religión judía monoteísta se da una separación entre lo divino y lo natural. Dios creó la Naturaleza y no forma parte de ella. Y Dios creó al ser humano como algo segregado de lo natural. Tanto es así, que en el Génesis se lee que Dios entrega la Naturaleza al hombre para que haga lo que quiera con ella, es más, es un mandato de dicho dios. Esto solo se puede calificar de perversión. Occidente ha unido su destino a lo judeocristiano. Ya hemos desocultado algo.

Cuán diferente es la concepción de lo natural en el filósofo Spinoza, el llamaba Dios a la Naturaleza. Aquí no hay desunión ni segregación, todo es sustancia divina (natural) y sus atributos. Fíjense, a diferencia de las religiones monoteístas, cómo el dios de Spinoza no es trascendente, sino inmanente. ¿Qué significa esto? Lo trascendente es lo inaccesible al conocimiento, reitero, ese es el arquetipo de Dios para las religiones monoteístas. Lo inmanente es lo dado. En el paradigma spinoziano es evidente que no puede haber sojuzgamiento de la Naturaleza, sino unión, yo diría que amorosa, con ella.

Existen otras causas concomitantes a las que hemos expuesto, pero serán abordadas en otros artículos. Solo decir que el hombre tiene que recuperar su relación con la Naturaleza, aunque sea por puro egoísmo para no desaparecer como especie. Sin embargo, el horizonte no se nos presenta esperanzador, la ONU ha declarado en un informe que el mundo en 2050 puede llegar a ser inhabitable. Será verdad aquello que dijo el filósofo Heidegger poco antes de su muerte: “Solo un dios nos puede salvar”.

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