superconfidencial

Los dos

Cuenta Xavi Ayén en su obra Aquellos años del boom (RBA Ediciones) que en cierta ocasión se encontraba García Márquez dormitando en una silla del aeropuerto de El Prat, cuando se le acercó un sujeto, torpe, medio pelota y confundido: “No sé si es usted Cortázar o Vargas-Llosa”, le dijo al colombiano. A lo que […]

Cuenta Xavi Ayén en su obra Aquellos años del boom (RBA Ediciones) que en cierta ocasión se encontraba García Márquez dormitando en una silla del aeropuerto de El Prat, cuando se le acercó un sujeto, torpe, medio pelota y confundido: “No sé si es usted Cortázar o Vargas-Llosa”, le dijo al colombiano. A lo que éste le respondió, abriendo un ojo: “Los dos”. El planchado admirador se alejó, confundido. Una vez llegó Borges a Madrid y lo fue a recibir a Barajas el poeta Gerardo Diego. Con su habitual mala leche, el argentino, al saludarlo, le preguntó, fingiendo sorpresa: “¿Pero usted quién es, Gerardo o Diego?”. Bueno, estas son boutades de famosos que me hacen mucha gracia. Cuando alguien alcanza cierta fama, sea al nivel que sea, se vuelve impertinente, aunque más impertinentes son muchas veces los admiradores, capaces de despertarte para preguntarte quién eres. Camilo José Cela y Fernando Fernán-Gómez eran dos pedazos de incordios de aquí te espero. En una visita que le hice a don Camilo en el Mencey, para entrevistarlo, le lanzó a su pobre mujer una pluma estilográfica, con tanta violencia que quedó clavada en la pared de la habitación. No la alcanzó de puro milagro. Y Fernán-Gómez -¿o fue también don Camilo?- empujó a la piscina de un hotel a un periodista de los llamados “del corazón” que le estaba dando el coñazo. Además, lo llamó maricón. Está claro que la fama tiene un precio que se tiene que pagar y que hay personas muy pesadas. En una visita que hice a Acosta, la mayor nave de venta de discos en español del mundo, en Miami, una vieja se me colgó de la chepa preguntándome constantemente si en Canarias se producían huracanes, a pesar de que, de entrada, le dije que habitualmente no. El asedio duró dos horas largas, con la misma pregunta.