otras coordenadas

Sel segundo sexo

Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia”, decía Simone de Beauvoir (París 1908-1986), escritora, filósofa y feminista. Autora de El segundo sexo (1949), biblia de la revolución feminista. Premio Goncourt de novela 1954, con 46 años, con Los Mandarines. Conjuntamente con Jean-Paul Sartre […]

Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia”, decía Simone de Beauvoir (París 1908-1986), escritora, filósofa y feminista. Autora de El segundo sexo (1949), biblia de la revolución feminista. Premio Goncourt de novela 1954, con 46 años, con Los Mandarines. Conjuntamente con Jean-Paul Sartre (1905-1980), compañero en relación sexual abierta, Premio Nobel de Literatura 1964, con 59 años, creadores del Existencialismo del que se nutre el Segundo sexo. Consagra el “feminismo de la equidad”, cuya tesis principal señala que no se nace mujer, se llega a serlo. Diferencia entre el sexo ligado a la reproducción y el género como rol social asignado por la educación; que excluye a la mujer de la cultura humana. No hay una esencia femenina, sino una construcción social, cuyo centro es el varón. Recorre la historia de la mujer en sus aspectos biológico, teológico, histórico, psicoanalítico, antropológico y afectivo-sexual. La mujer se hace a través de la socialización y su tarea es conquistar su identidad, con sus propios criterios.
Introduce reflexiones hoy actuales. “El odio al hombre”, como construcción social dominante. “Defensa del aborto libre regulado”, en su Manifiesto por el aborto legal (1971). El “embarazo y el hijo es esclavismo”, optó por no ser madre. “Toda mujer es homosexual”, diluyendo la frontera entre los sexos. Pidió “legalizar el sexo libre” y con adolescentes, que practicó bisexualmente. Situada en la lógica del existencialismo, donde la existencia precede a la esencia, libertad y responsabilidad dotan de significado a la vida. El segundo sexo fue incorporado por el Vaticano en la lista de libros prohibidos. En él reclamaba igualdad de derechos y deberes, igualdad de salarios, derecho al aborto legalizado y reconocimiento civil, político y jurídico. Aún hoy, según el Banco Mundial, de 189 países del mundo, 150 mantienen sistemas legales que maltratan a la mujer.
Para ilustrar la inteligencia humana, nos apoyamos en la obra de Howard Gardner (Pensilvania 1943), profesor de Harvard y autor de Inteligencias Múltiples (1983), donde analiza la organización de las habilidades humanas en el cerebro. Identifica ocho capacidades diferenciadas, donde cada persona posee una combinación de ellas. Que ordenamos según sus preeminencias femenina y/o masculina. Así son de dominancias femenina las inteligencias lingüístico-verbal, corporal-sinestésica, intrapersonal y la interpersonal, mientras que ofrecen dominancia masculina la lógico-matemática, la espacial, la musical y la naturalista. Como consecuencia de la evolución de la especie y sus roles sociales se asignan a la mujer, en condiciones de igualdad y reducción de violencia física y legal y en libertad de elección, las funciones propias de las cuatro capacidades de la inteligencia femenina. Y al hombre las cuatro propias del cerebro masculino. Cualquier sexo puede venir provisto de la combinación de capacidades de las ocho inteligencias múltiples identificadas.
Hoy las mujeres son heroínas. Igual que ayer, multiplican las acrobacias para conciliar órdenes y funciones contradictorias. En un mundo de no violencia, las capacidades propias del cerebro femenino se imponen, permitiendo ocupar papeles sociales y políticos de mayor relevancia. Capaces de una mayor resiliencia, relación intra e interpersonal, ofrecen mejor adaptación al entorno. Reproducen nuestras ocho inteligencias los conocidos ocho trigramas del Yiching chino, que construye un mundo “sapiencial y oracular”, capaz de reproducir y anticipar las circunstancias del momento. Como en él, el equilibrio se consigue en el juego de las inteligencias múltiples, masculina y femenina. Capaces como Simone de Beauvoir de igualar al Segundo sexo. Su padre decía que “tenía cerebro de hombre”.