Están todos en la playa. Y es lógico, porque el curso ha sido muy duro para la generalidad de los mortales, teniendo en cuenta las dos incertidumbres habituales: la política y la económica. No hay Gobierno y la economía ha dado un bajón terrible, por culpa de China, que se venga de Donald Trump. Un amigo me ha enviado la gorra de Trump, pero temo que me inflen a hostias si me la pongo, como le ocurrió a un portorriqueño el otro día en Nueva York. Así que la dejaré en casa tranquilita. También me ha mandado un amigo republicano medallas de la legislatura de Trump y un montón de quincalla conmemorativa para el museo. Mientras aquí están todos en la playa, en los Estados Unidos se entretienen tirando al blanco en los grandes almacenes. No hay un día sin tiroteo, lo que da idea del odio latente que se produce en las calles y en las familias USA, muchas de ellas enloquecidas. Dicen que Trump volvería a ganar de celebrarse hoy elecciones, porque no tiene un reconocido rival demócrata, así que me da que el mundo va a tener que aguantarlo cuatro años más, lo cual es una jodienda. Aquí, Sánchez anda el hombre consternado, porque ahora la cantinela de la derecha es que él se aparte para que la propia derecha forme Gobierno, ya que Sánchez no es capaz. Sánchez, que ha mejorado mucho en su discurso y se ha moderado notablemente, ha envejecido. Está lleno de canas. Tiene que ser terrible hacer lo que hace. Lo peor de agosto es el tedio y la falta de cosas interesantes que echarse al buche. Lo de España es más de lo mismo y lo de afuera también. Pero siempre nos quedará la obsesión nuestra por la vigilancia y el control. Y, si no, ahí tienen los drones de la DGT.
