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El diario de Luise Schmidt

Paseando por la calle de San Felipe, entré en una pequeña tienda. En la estantería, un libro. Un librito (Ed.Zech) primorosamente editado, con fotos evocadoras. Es el diario de una joven de 20 años, Luise Schmidt, que vino a Tenerife como institutriz de la familia Trenkel. Vino por dos años (1904-1906), pero se quedó tres y medio. El librito, muy bien traducido al español por Jordi Vidal Moral, lleva un prólogo de Elia Hernández Socas, de la Universidad de Leipzig. Compré el libro y lo leí de un tirón. Un relato íntimo, nada pretencioso, que cuenta el día a día de la sociedad alemana en la isla. Es una crónica de viaje, pero ni siquiera lo es del todo; más una crónica social y de comportamientos. La joven tenía 20 años cuando llegó a un mundo nuevo para ella, sirviendo a un hotelero, a su esposa y a sus hijos. Trenkel fue director y propietario de varios hoteles en la isla, entre ellos el Martiánez y el Quisisana. La joven llegó a contar para un periódico de Halle, su ciudad natal, la crueldad de las corridas de toros celebradas en Santa Cruz (cuatro toros y seis caballos muertos en la que ella asistió); y cómo era la vida en la isla. También incluyó en su diario la visita del rey Alfonso XIII en 1906. Yo no conocía ni el libro, ni a su personaje central, que narra con minuciosidad su viaje en barco hasta Las Palmas, desde Hamburgo, y luego a Tenerife, en el Mont Serrat (así lo escribe). Todos estos relatos nos ayudan a saber cómo éramos y cómo eran los que nos visitaban. Todavía, cuando veo los penny en los viejos mercadillos, recuerdo a los niños del Puerto, descalzos y pobres, pidiendo esas monedas a los ingleses. Monedas que yo creo que no servían para nada.

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