el charco hondo

La resaca

Cuando se acumulan meses con el Estado en funciones, el día después pasa factura

Cuentan quienes alguna vez han bebido más de la cuenta que la resaca se manifiesta secando la boca, incrementando la sensibilidad a la luz o a los ruidos, provocando cansancio, entorpeciendo el buen sueño, decretando sed, comprometiendo el estómago y convirtiendo la cabeza en un tambor con vida propia. Claro que no solo los cuerpos pagan las facturas de las horas desordenadas, excesivas, consciente y felizmente anárquicas; también los países padecen los síntomas de las resacas después de meses (o años) abusando de interinidades, o prolongando provisionalidades, más allá de lo que la economía o los presupuestos públicos pueden abordar sin sufrir consecuencias. Cuando se acumulan meses con el Estado en funciones, el día después pasa factura. Siendo razonable que el coste de otro proceso electoral llame la atención y enfade a una legión de contribuyentes, cabe apuntar que ese gasto no está en lo más alto de nuestro catálogo de urgencias o problemas. Otros son los grandes dolores. Otras las resacas a las que se enfrenta un país en funciones, gobernado durante demasiados meses por un sin-Gobierno al que las leyes han tenido atado de pies y manos (coyuntura que, en algunos episodios, se ha aprovechado para abrillantar la caja de resistencia ante Bruselas). La resaca es lo que vendrá inmediatamente después del espejismo, porque así cabe catalogar que España haya liderado estos meses el crecimiento entre las grandes economías, o que, estando como hemos estado con piloto automático, Standard & Poor´s nos haya subido el ráting; crecimiento y mejoras que, como traduce Óscar Giménez, no explica tanto una hipotética o feliz italianización de España, sino algo tan simple como que un Gobierno que no gasta alegra a los mercados, sí, pero deja al país en una posición muy preocupante -ahí está Italia con su estancamiento ya crónico-. La resaca, lo que nos llegará cuando demos carpetazo al espejismo, caerá sobre nuestras cabezas a golpe de desequilibrios estructurales, dificultades para crear empleo, ralentización en sus diferentes formatos o envoltorios, inversiones públicas demoradas y falta de músculo, reflejos y capacidad de reacción. Mientras sobre el escenario los protagonistas de la cuarta temporada de Juego de Tronos mantienen entretenidos a analistas, politólogos y tertulianos, en el patio de butacas la sombra de la resaca económica y presupuestaria va dando forma a un escalofriante día después.

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