“Todo esto está mal. Yo no debería estar aquí arriba, sino en la escuela. Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Estamos en el comienzo de una extinción masiva y de lo único que hablan es de dinero y de cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”. Así de duro fue el mensaje que Gretha Thunberg dirigió el pasado lunes a los líderes internacionales reunidos en la Cumbre del Clima de la ONU.
A sus 16 años, Gretha Thunberg es una adolescente brillante. Desde muy pequeña ha mostrado su preocupación por el cambio climático, una cuestión que centraba la temática de sus ensayos en el colegio. A esta pasión por la escritura se suma su afición por las ciencias, que evidencia en sus continuos guiños a los investigadores en materia medioambiental. Desde su postura de alumna excelente, hoy Gretha llama a faltar a clase a los estudiantes de todo el mundo.
Sentada por fuera del Parlamento sueco, Thunberg exigía medidas de acción climática cada viernes. Semana tras semana. Hasta que su mensaje caló en las nuevas generaciones. Ahora, aquellos que eran acusados de abstraerse del mundo a través de sus pantallas son quienes están obligando a los adultos y sobre todo, a los representantes políticos, a mirar a los ojos a la emergencia climática.
No les falta ni organización ni ganas. Con el nombre de Juventud por el Clima, jóvenes españoles han roto un muro de incomunicación con las administraciones públicas y sus presiones ya son motivo de decretos y leyes. Trabajan en entornos colaborativos, en los que comparten sus calendarios de tareas y discursos, mientras que Whatsapp es su principal vía de comunicación.
La inmensa cantidad de trabajo detrás de esta nueva “ola verde” es invisible. “Hemos enviado a todas las administraciones peticiones para que declaren la emergencia climática, hemos tramitamos los permisos para las actividades de concienciación, como mercadillos o charlas en centros escolares y para las manifestaciones de hoy. Todo tiene que ser legal”, apostilla Federico Ghijs, quien asegura que en estos meses se han convertido en expertos en trámites burocráticos.
Juventud por el Clima Tenerife tiene su cuartel general en la Universidad de La Laguna (ULL). Utilizan un despacho cedido que en un principio estaba destinado a los grupos claustrales de la institución, un espacio que en vista de la afluencia a sus últimas asambleas, se les ha quedado pequeño.
No es casual la elección de la ULL como sede. Estos jóvenes son, en su mayoría, universitarios. Les gusta la lectura, a juzgar por los libros que llevan a sus asambles; la mayoría sobre ecología y economía circular. Y sobre todo, son ciudadanos activos que forman parte de sindicatos estudiantiles como la Asociación Canaria de Estudiantes (ACE). En tiempos en los que se habla de desidia ciudadana frente a la política y de descenso de participación electoral, los jóvenes no se molestan en ocultar que les interesa que su voz se escuche. Y tienen a Thunberg como ejemplo.
“Para nosotros, el discurso de Gretha en la ONU fue muy inspirador porque tiraba de las orejas a los políticos y les recriminaba hacernos perder tiempo de clases para luchar por nuestro futuro”, apuntó entusiamado Eduardo Febles, miembro de Juventud por el Clima en Tenerife. La historia del movimiento en Gran Canaria es algo diferente. Nació como iniciativa de tres estudiantes de bachillerato, aunque más tarde se unieron otros jóvenes. Todos tienen entre 17 y 24 años y celebran sus reuniones de organización en bibliotecas públicas, en el Parque de San Telmo o en el local del grupo ecologista Ben Magec (Ecologistas en Acción).
“El discurso de Gretha estuvo muy bien, ella nos advierte de que debemos actuar y de que a los gobernantes solo les mueve el dinero”, señala Álvaro Hernández, uno de los primeros integrantes del colectivo en la Isla.
A unas horas de que arranque una jornada de huelga que llevan meses preparando, los intregrantes de Juventud por el Clima solo esperan que sirva para “hacer mucho ruido” y acuden con grandes expectativas por el respaldo de más de 300 colectivos en Canarias. El calificativo de “cita histórica”, dicen, esperan poder ponérselo a partir de mañana.





