el charco hondo

Los gatos

Cuando los gatos se escapan, ¿vuelven a casa? Aunque se da por hecho que siempre saben cómo encontrar el camino de regreso, no hay evidencia o estudio científico que confirmen esa capacidad innata (supuesta) de regresar a casa después de pasarse días deambulando por jardines, muros y tejados. ¿Y por qué se escapan? Los estímulos que reciben de la calle despiertan su curiosidad, captan su atención, animándolos a buscar nuevas experiencias, a explorar lejos de la comodidad que les ofrece estar en casa. El comportamiento de los gatos se asemeja bastante al de quienes, siendo votantes del PP, de los de toda la vida, en las últimas convocatorias electorales dejándose arrastrar por la curiosidad o por estímulos que procedentes de la calle captaron su atención, se fueron a pasear por los tejados de Ciudadanos, a ver qué tal, improvisando, por vivir la experiencia o cambiar de aires, por probar. Hasta aquí las similitudes entre unos y otros. Ahora bien, a diferencia de los gatos, aquellos que antes de la aparición de Cs siempre votaron PP sí saben volver a casa, y el 10 de noviembre van a sentarse en su sillón de siempre, en el salón de siempre, en el hogar de siempre, en las papeletas del PP. Quienes en las últimas ocasiones se fueron de excursión al jardín de Ciudadanos han dado por acabado el recreo, y volverán a casa, al PP. Cs se diluye como azúcar en el café porque Albert Rivera quiso ser PP, y para PP ya está el PP. El bipartidismo renace. PSOE y PP crecerán, pero la alegría será mayor para Casado, que, esta vez sí, está moviéndose en la moderación adecuada. Aquellos que estos años han querido probar lejos de las casas madre (PSOE y PP) volverán a la comodidad de sus cojines de toda la vida. Los socialistas rascarán algunos escaños de Iglesias y otros de Rivera, pero será el PP el que disfrute con el regreso de un ejército de gatos que se les había ido a callejear. Quienes votaron a Cs en las anteriores lo anuncian en bodas, despedidas de soltero y cañas de viernes por la tarde: dan por finalizada la excursión y vuelven al PP, a la casa madre, al hogar. Con el efecto Errejón a la espera de ser descrifrado, el 11 de noviembre el país amanecerá a un mapa parlamentario con cambios insuficientes para acabar con el bloqueo; y será ese lunes cuando Albert Rivera despertará pequeño, encogido, reducido a su mínima expresión porque los gatos del PP sí saben volver a casa.

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