El Charco hondo

Lunas y dedos

Cuando las oportunidades señalaron la Luna los responsables municipales se limitaron a mirar el dedo; y, aburridos, les dio por morderlo. Garafía no ha rentabilizado la presencia del telescopio porque en su ayuntamiento no han sabido, intentado o querido sacar provecho a tamaño reclamo. El problema no han sido los científicos, ni el telescopio, sino […]

Cuando las oportunidades señalaron la Luna los responsables municipales se limitaron a mirar el dedo; y, aburridos, les dio por morderlo. Garafía no ha rentabilizado la presencia del telescopio porque en su ayuntamiento no han sabido, intentado o querido sacar provecho a tamaño reclamo. El problema no han sido los científicos, ni el telescopio, sino los políticos del lugar. El agujero negro en la economía de ese microcosmos municipal no es obra de investigadores, sino consecuencia de la absoluta incapacidad que sus gestores públicos han demostrado durante todos estos años. Claro que deben atenderse las leyes, y por supuesto que hay que ordenar inteligente, responsable y legalmente la gestión del mundo que rodea a una instalación de esas características. Cosa diferente es la alegría con la que algunas voces han culpado al telescopio existente (o al pretendido para Puntagorda) de los males municipales. Es legítimo, y respetable, que una organización ecologista exprese sus dudas o reticencias sobre la construcción de un telescopio. Tan legítimo, y razonable, como advertir (o denunciar, si se prefiere) que el exceso de ruido puede acabar llevándose el telescopio de treinta metros a treinta mil kilómetros. Menos legítimo, y bastante poco incontestable, es que algunas gargantas locales echen la culpa a los telescopios de los males endémicos del lugar. Esos dolores son fruta de otro árbol. Si Garafía no se ha beneficiado de las ventajas que una instalación puede, debe y suele generar en la zona que la acoge (brindándole la posibilidad de generar economía al calor de los telescopios) será porque no se tomaron la molestia de echarle ganas, imaginación, cabeza, tiempo, merchandising, paciencia, ideas, proyectos, diseño, marketing o ilusión. A Garafía no le ha sobrado el telescopio. Al municipio le ha faltado política. No han sabido sacar provecho a la atracción que les tocó en suerte, convirtiéndose en una extraña excepción planetaria, porque no hay sitio en el mundo que no rentabilice la presencia de algo similar. Puntagorda merece mejor suerte. Si el tren que lleva el telescopio de treinta metros pasa de largo habrán perdido su gran oportunidad. Que sus vecinos no se dejen confundir. El problema de Garafía ha estado en su ayuntamiento, no en el cielo. En Puntagorda deben tomar nota, ayudar a que les toque y aprender a crecer junto al telescopio.