El charco hondo

Mentiras

Es falso que Walt Disney esté congelado. Tampoco es verdad que Carlos II estuviera hechizado, o que Van Gogh se arrancara una oreja en el transcurso de una discusión con un amigo (fue Gauguin quien le seccionó parte del lóbulo). Recopiladas recientemente por Sara Navas, son muchas las mentiras que han sobrevivido a sí mismas […]

Es falso que Walt Disney esté congelado. Tampoco es verdad que Carlos II estuviera hechizado, o que Van Gogh se arrancara una oreja en el transcurso de una discusión con un amigo (fue Gauguin quien le seccionó parte del lóbulo). Recopiladas recientemente por Sara Navas, son muchas las mentiras que han sobrevivido a sí mismas con apariencia de verdad. No se ajusta a la realidad que un niño aguador descubriera la tumba de Tutankamón, o que España sea el país más antiguo de Europa. Y, entre otros bulos disfrazados de verdad, está el de que socialistas y pablistas están negociando un posible acuerdo de Gobierno. No es cierto. Es falso. No se está negociando nada. Están ganando tiempo perdiéndolo, o perdiendo tiempo para ganarlo. No se tiene en pie que después de mil horas sentados en una mesa de negociación nos cuenten que han consumido esas y otras tardes discutiendo sobre cómo abordar la transición energética u otros epígrafes. No tiene un pase contar, sin ruborizarse, que les está costando acercarse en algunos de los puntos del último documento que el PSOE ha reenviado a Unidas Podemos. No es creíble que sentados a la mesa no terminen de entenderse sobre los apartados treinta y dos, ochenta o noventa y cinco; y no es creíble porque es mentira. No hay negociación sobre contenidos programáticos. Llevamos desde las últimas elecciones atrapados en una imagen congelada, con un partido que quiere sentarse en el Consejo de Ministros y otro que no lo quiere sentado en el Consejo de Ministros. Punto final. No hay más. Como es igualmente falso que unas elecciones sean la salida a este callejón. No es cierto. Volver a las urnas condenaría al país a pasarse otros cuatro, seis, ocho o diez meses con un sin-Gobierno al frente, atado de pies y manos, incapaz de gestionar la realidad puertas adentro o afuera, sin vida presupuestaria, en coma. Se está esperando por los sondeos. Están pendientes de saber qué cuentan las últimas encuestas; y en función de lo que éstas digan sacarán las urnas o si pinta feo (o incierto) llegarán a un acuerdo en los minutos de descuento. Ni Walt Disney está congelado, ni Van Gogh se arrancó la oreja, ni en España hay dos partidos negociando un acuerdo de Gobierno. No negocian, unos esperan y otros desesperan. Ir a otras elecciones sería una irresponsabilidad, y quienes no lo eviten unos irresponsables.