tribuna

Nacionalismo canario: mirada amplia

Lo sucedido en las principales instituciones de las islas, ayuntamientos, cabildos y gobierno autónomo, con el arrinconamiento de las representaciones nacionalistas obliga a las organizaciones de estas a una reflexión profunda sobre su situación actual y sobre los nuevos derroteros que han de seguir para paliar el ataque generalizado de los partidos españoles con representación […]

Lo sucedido en las principales instituciones de las islas, ayuntamientos, cabildos y gobierno autónomo, con el arrinconamiento de las representaciones nacionalistas obliga a las organizaciones de estas a una reflexión profunda sobre su situación actual y sobre los nuevos derroteros que han de seguir para paliar el ataque generalizado de los partidos españoles con representación en Canarias, todos ellos empeñados en pactar, a veces contra natura, para desbancar a los nacionalistas mayoritarios. Dejemos por ahora fuera a Nueva Canarias y su contencioso con el PSOE en el Cabildo de Gran Canaria. Harina de otro costal.

La principal razón argüida para crear ese frente antinacionalista por parte de organizaciones tan dispares como PSOE, PP, Podemos, Ciudadanos… ha sido los muchos años que CCPNC llevaba ocupando el poder, como un signo estigmatizador. Como me comentaba hace unos días un viejo y sabio amigo, nadie ha reparado en el Estado español en que, tras la Transición del Franquismo a la Democracia, los tres únicos territorios autónomos que han disfrutado de hegemónicos gobiernos nacionalistas han sido Cataluña, Euskadi y Canarias. ¿No sería este el resultado de unos pueblos que, con conciencia de tales, prefieren ser gobernados por sus organizaciones políticas propias que por organizaciones políticas franquicia, como nos gusta llamarlas, con sus centros de poder decisorio mayoritariamente madrileño?

Pero sucedido lo sucedido, ¿por dónde han de ir las reflexiones amplias de los partidos nacionalistas canarios más allá de sus microestructuras partidistas, muchas veces atacadas de un virus ombliguista casi incurable? ¿Acaso se agrieta definitiva y generalizadamente el edificio del nacionalismo canario en este devenir del siglo XXI? ¿Con las tablas de un naufragio se puede construir un barco? ¿Ante la posible disolución hay alguna solución a la vista?

De producirse una confluencia de organizaciones nacionalistas, qué estructura orgánica sería la ideal más allá de partir desde lo insular hacia lo nacional canario. ¿Tal vez el modelo PNV?

¿Bastan para satisfacer los objetivos de un nacionalismo canario actual, democrático y no rupturista con estructuras como el Estado español o la Unión Europea, el nuevo Estatuto reformado en 2018 y el REF de ese mismo año? ¿Hacia dónde ir política, económica, social y culturalmente a partir de ahora? ¿Qué será de esas dos grandes normas, Estatuto y REF renovados, en manos de un Pacto de las Flores conformado por una organización como Podemos, que votó en contra de esos dos instrumentos jurídico-políticos en las Cortes Generales, y capitaneado por un PSOE entreguista, por otra parte partidos políticos españoles que libran una batalla muy dura entre ellos en sus sedes centrales?

Si echamos la vista atrás nos encontraremos con los momentos históricos del nacionalismo canario y tendremos que reparar en los primeros movimientos autonomistas/independentistas de fines del siglo XIX y principios del XX, y, en otro escalón, en los fenómenos institucionales de UPC (1979-1983) y de CC -PNC Y NC- (1993-2019). Y atiéndase, en este último punto, que hablo de fenómenos institucionales, cuando el nacionalismo ha ocupado el poder político, no cuando ha estado fuera de ese poder. Esa sería otra historia.

El tiempo de la UPC fue efímero, quizá debido a una torpe gestión de sus estructuras orgánicas, quizá a que en esa supuesta Unión estaban presentes una vez más las rencillas seculares de las distintas familias nacionalistas, unas queriendo dar pasos firmes en su asentamiento y otras ansiando ir más allá de lo que nuestro pueblo nos permite. Sin conciencia nacional no hay nacionalismo. Dejémonos de romanticismos estériles.

El tiempo de CC ha sido más largo, veintiséis años, pero también ha pecado de descuidar sus cuadernas organizativas y siempre ha estado al borde del gobierno de las siete tribus, sin mirada suprainsular y sin capacidad de mando auténticamente nacional. Y en esas estamos.

Desde el siglo XX hasta aquí los nacionalistas canarios hemos tenido a nuestra disposición documentos teóricos magníficos, y en este punto yo, como presidente del primer partido nacionalista canario, el PNC fundado en la Cuba de 1924, y refundado en Bajamar en 1982, no puedo nunca dejar de referirme a las ideas directrices que dos viejos compañeros nos legaron, me refiero a Antonio Pérez Voituriez y Bernardo Cabrera Ramírez. Bernardo Cabrera Ramírez y Antonio Pérez Voituriez, dos profesores solventes de la Facultad de Derecho lagunera de los años ochenta que ponían las bases de lo que debía ser un nacionalismo canario vinculado a la realidad del momento: «El pueblo canario, por sus peculiaridades geográficas, históricas, sociológicas, económicas y culturales, y por su relevante situación internacional, constituye política, cultural, étnica y sociológicamente una nación, y por tanto el Archipiélago Canario debe constituir una Comunidad Archipielágica que goce del máximo autogobierno político y sea dotada, con los más amplios poderes, de un marco jurídico-político-administrativo nuevo en el Estado y en la Comunidad Internacional, y terminar con el colonialismo que supone el centralismo político y administrativo y las dependencias económicas y culturales que dominan la realidad de Canarias».

Sobre el pensamiento debatido, aprobado y publicado tras ese Congreso Constituyente del PNC de 1982 se construyó casi todo el nacionalismo no rupturista posterior, llámese AIC, llámese Coalición Canaria amplia, es decir, CC con todas las organizaciones que la integraron en su momento, algunas procedentes de familias marxistas y obreras encuadradas en ICAN. No hay más cera ideológica que la que arde, y, fuera de las tesis descolonizadoras de Antonio Cubillo, no hay más nacionalismo canario que los mencionados.

Pero, ¿por dónde debe caminar en el futuro ese nacionalismo? Esa es por ahora la gran pregunta sin respuesta que hemos de formular en sentido amplio.