el charco hondo

RainCar

Los rituales para lograr que llueva son tan numerosos como antiguos. Hay un poco de todo. Las sequías siempre han sido contrarrestadas tirando de ritos o supersticiones. Algunos han decaído, otros no. No solo los indios invocaban la lluvia, también han bailado al agua en Egipto o en algunas regiones de los Balcanes. Procesiones, imágenes, oraciones, tallas, reliquias y rogativas son algunas muestras, a las que podría añadirse, entre otras, el papel de los esconjuraderos aragoneses. Las cosas han cambiado. En determinadas culturas siguen recurriendo a esas y otras liturgias; pero, aquí, en las Islas, cuando después de semanas o meses sin caer una gota la gente del campo necesita que llueva, me lo dicen, ora llamándome al móvil, ora escribiéndome un guasap, ora cuando me los cruzo por la calle, y yo me encargo. Ojo, no tengo mérito alguno. Cuando me lo piden llevo el coche a lavar, y en doce horas, o veinticuatro, nunca más, salen de la nada gotas de agua que al caer llenan de vida los campos y de mierda mi coche recién lavado, pero, qué menos, cómo dar la espalda al sector primario, además, puestos a agilizar trámites y optimizar recursos, el autolavado de mi coche es una solución infinitamente más rápida y barata que cualquier plan de regadío, y qué decir ahora, con el Gobierno en funciones. No falla. Así cuenten los gurús de la meteorología que la nube más cercana la tenemos al otro lado del Océano, da igual, si lavo el coche llueve sí, sí o sí, y ese mismo día, o al siguiente. Por ejemplo, esta semana. Después de un largo y cálido verano sin lavarlo, nos animamos el domingo por la tarde, para celebrar el campeonato de baloncesto, creo recordar, y como estadísticamente ha ocurrido y seguirá pasando, el lunes amaneció con bolas de tierra disfrazadas de gotas de agua cayendo sobre el coche, y también sobre los campos, que falta hacía. Así se explica que las organizaciones agrarias me pidan que lave el coche cuando necesitan lluvia, o que los organizadores de eventos al aire libre llamen para pedirme que no lo lave en la víspera de un concierto, boda o similares. Y es que mi coche es como un personaje de Marvel. Tiene superpoderes. En el campo lo llaman RainCar, y no es para menos. Sin abusar, quien necesite que llueva, o que no, que me avise para lavarlo (o no).

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