El Charco hondo

Superpoderes

Se equivocan quienes, con mala uva, insinúan que Él no suele dar buena suerte. Cuando se repasa su trayectoria, especialmente de meses a esta parte, resulta tentador describirlo como recién llegado de entre las sombras; y, yendo algo más allá, los hay que juguetean con la idea de que el hombre tiene un algo de […]

Se equivocan quienes, con mala uva, insinúan que Él no suele dar buena suerte. Cuando se repasa su trayectoria, especialmente de meses a esta parte, resulta tentador describirlo como recién llegado de entre las sombras; y, yendo algo más allá, los hay que juguetean con la idea de que el hombre tiene un algo de cenizo, de aguafiestas. Sin caer en la maldad de aludir al calificativo innombrable, pero acercándose al término con cierta peligrosidad, hay voces que cogen carrerilla y llegan a decir, siquiera en voz baja, que las buenas vibraciones le pasan de largo (y ahí lo dejan, o no). Es injusto asociarlo a situaciones generalmente poco deseadas, como pueden serlo abrir un paraguas en un espacio techado, ir de amarillo a un estreno teatral, pasar por debajo de una escalera o que se cruce un gato negro cuando vas a entregar la declaración de la Renta. Es cierto que echando un vistazo a los episodios que ha protagonizado (con particular repercusión en Canarias) teñirlo de oscuro no parece descabellado. Sin embargo, deslizarse por ese tobogán es incurrir en una lectura errónea del aludido. Vale que Él , así, en mayúsculas) no es un jardín de tréboles de cuatro hojas, o que no se mueve envuelto en una nube de dientes de león. Es verdad que las monedas no se sumergen en el agua de las fuentes cuando lo ven pasar, no es eso. Él (así en mayúsculas) no es así. No, Él no da mala suerte. Puede que al PP canario sí, pero solo a los populares de las Islas, porque sus superpoderes no se agotan en ese caso puntual. Teodoro García Egea, secretario general del PP, es básicamente un talismán. Ocurre que da suerte a todos menos a los propios, es cierto, pero nadie es perfecto. Pasa que PP al local le tuerce las líneas rectas cada vez que asoma por aquí, o que a veces da la sensación de que cuando García Egea coge un avión para venir a las Islas el arroz se les echa a perder a los suyos de acá. Hay otra lectura, y es la buena, la correcta. Hay que reconocerle su condición de amuleto a ojos de los demás partidos. Basta recordar que sin Él, y sus superpoderes, el pacto de las flores nunca habría visto la luz. García Egea fue, y es, una pieza fundamental en la articulación del actual Gobierno de Canarias. Meses después, con sus reiteradas visitas a las Islas se consolida como la garantía de estabilidad del cuatripartito. Mientras García Egea pilote el avión del PP, Torres, Rodríguez y Curbelo pueden respirar tranquilos.