el charco hondo

El decreto imaginario

Aunque suelen desaparecer con la edad, a veces los amigos imaginarios siguen ahí o asoman en adolescencias tempranas e incluso después, suscitando presencias físicas indistinguibles en la tierra de nadie donde se abrazan fantasía y realidad. A algunos chiquillos, y a según qué gestores públicos, les resulta singularmente tentador, y reconfortante, hacerse acompañar o dejarse llevar por la imaginación, por eso a ratos se van de excursión a un espacio ficticio menos exigente que la realidad real. En este contexto, que describe un mundo contaminado por la irrealidad, la consejera de Sanidad del Gobierno autonómico ha anunciado un decreto para regular qué pacientes deben estar en los hospitales y cuáles en un centro sociosanitario. Sobre el papel la iniciativa es oportuna, sí, pero el problema está en que la propuesta solo se sostiene sobre el mismísimo papel donde la acaben imprimiendo. Puede la Consejería redactar uno, siete, catorce o cincuenta decretos, vale, estupendo, fantástico, claro que, en fin, se les está pasando el pequeño detalle de que no hay plazas que acojan a quienes según el decreto deban salir del centro sanitario. Ojalá bastara con redactar doscientos párrafos. No es el caso. El asunto no va de escribir, sino de construir -centros- y habilitar -plazas-. Y eso, consejera, no solo lleva un tiempo sino que desgraciadamente ese tiempo no se deja llegar. Generar expectativas, dejándose arrastrar por la infantil tentación del exceso, es uno de los deportes de alto riesgo más practicados por los responsables públicos. La desmemoria política es mala consejera, es saludable recordar que la realidad no suele llevarse bien con lo que se pinta en los papeles. Un decreto para definir quiénes deben estar en los hospitales, y quiénes en los centros sociosanitarios, es tanto como elaborar otro decreto para determinar qué turistas vienen a las Islas en los aviones que efectivamente vuelan a las Islas, y qué turistas vendrán en los aviones que por la pérdida de conectividad han dejado de volar a las Islas. Ni un paciente podrá ir a centros que no existen ni un turista puede venir en aviones que no están volando. A los decretos imaginarios les pasa lo que a los amigos imaginarios, acaban en la tierra de nadie donde se abrazan fantasía y realidad.

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