El charco hondo

El mal menor

La cosa va de buscar criterios comparativos para, hecha esa tarea, elegir entre bienes diferentes. El principio del mal menor se debe aplicar cuando no quede otra que escoger entre dos males no absolutos (aquí se abre la disquisición de si, aplicado de esa forma, sería más enciclopédico hablar de criterio, y no de principio). […]

La cosa va de buscar criterios comparativos para, hecha esa tarea, elegir entre bienes diferentes. El principio del mal menor se debe aplicar cuando no quede otra que escoger entre dos males no absolutos (aquí se abre la disquisición de si, aplicado de esa forma, sería más enciclopédico hablar de criterio, y no de principio). Algunas voces consideran válido elegir una opción que, generando algún daño más o menos colateral, sea lo debido; porque lo contrario sería no hacer nada, y hay que actuar, en ningún caso cabe desentenderse o refugiarse en la omisión. De ahí que, ya con la vista puesta en el futuro inminente, y partiendo de la premisa de que España no puede permitirse de ninguna manera seguir sin Gobierno, PSOE y PP estén llamados a abrirse al mal menor, considerado como el mayor bien a falta de otros bienes posibles. No sería de fácil digestión, efectivamente. Desataría un vendaval de corazones partíos, sin duda. Crujirían los cajones donde se guardan las emociones o convicciones ideológicas, es cierto. No hay uso ni costumbre, claro que no; pero, con los antecedentes en la mano, a la vista está que del bloqueo parece que solo puede salirse estrenando soluciones, fórmulas hasta ahora no contempladas. A un posible o inevitable acuerdo PSOE-PP, para rescatar al país de esta parálisis, no se llega por gusto sino por descarte. Dando por buena la tesis de que la iniciativa de cara a construir algo parecido a una mayoría parlamentaria corresponderá otra vez a Pedro Sánchez, nada puede esperarse por la izquierda, porque lo que no fue posible en verano difícilmente lo será en otoño o primavera. Con Ciudadanos no puede contarse porque Albert Rivera es escapista de oficio, se rajó en Cataluña habiendo ganado las elecciones, y también se rajó en mayo, cuando debió hacer lo que ahora dice que está dispuesto a hacer; y en cualquier caso, tanto da, porque esta vez no sumará lo suficiente con el PSOE. Así la cosa, salvo que las Tres Derechas den la campanada (o que a este Casado, centrado, bien aconsejado y razonable, le vaya mejor que bien), por descarte solo queda la opción de un acuerdo a la alemana de PSOE-PP para que el país deje de estar en modo-avión. El bipartidismo está obligado a resolver. No se lo pondrán fácil, sobre todo los propios; pero tiene esto toda la pinta de que, puede que chirriando o generando malas digestiones, toque optar por el mal menor a falta de otros bienes alternativos. Cualquier cosa menos seguir agonizando por culpa del bloqueo.