el charco hondo

El repartidor

La imagen, entre otras miles, es de la noche del lunes. Con los policías conteniendo la respiración entre carga y carga, un repartidor cruzó en bicicleta, de lado a lado, la Vía Laietana. Con su cubo amarillo a la espalda, lo hizo esquivando con automatismo a los manifestantes más agresivos, a esos que en primera fila desafiaban a los antidisturbios. Pedaleando a años luz de declaraciones de independencia u otros imposibles, para el repartidor de la Vía Laietana, y para millones de catalanes que no vemos porque las cámaras de televisión no los buscan, la realidad consiste en tener un empleo, buscar ingresos con los que pagarse lo básico, contar con servicios públicos más o menos eficientes y seguir luchando por un bienestar razonable. Los disturbios en Cataluña hay que gestionarlos, es cierto. Debe hacerse un esfuerzo por encontrar la salida al callejón donde los han metido, por supuesto. Ahora bien, mientras miles de personas cortan calles o bloquean aeropuertos y estaciones, construyendo la foto de Cataluña que los medios muestran al mundo, cuatro calles más allá millones de catalanes salen de casa para llevar a sus hijos al colegio, acompañar a un familiar al centro de salud o llegar puntuales a la oficina. Cataluña son las imágenes de estos días, sí, pero también la de los catalanes que no vemos. Mucho se habla de la España vaciada, pero poco o nada de la Cataluña silenciada o de la España silenciada, del día a día de millones de españoles que, catalanes o no, seguimos esperando que alguien hable también de quienes no estamos entrando por la fuerza en un aeropuerto, encadenados sobre las vías del tren o sentados en mitad de la autopista; aeropuerto, trenes y autopistas que miles de trabajadores necesitan despejadas para algo tan elemental como ir a trabajar. El pozo en que unos y otros han metido a Cataluña, fracturándola sin fecha de caducidad y destrozándole lenta pero imparablemente su tejido productivo, merece atención y dedicación; pero también lo requieren aquellos que, contribuyentes de la Cataluña o España silenciadas, siguen esperando a que se les dé respuestas en dependencia, vivienda, formación, sanidad, educación o empleo. Cataluña no se ha independizado, pero ha catalanizado al resto del país. Millones de españoles somos ese repartidor que sigue con su día a día mientras los manifestantes desafían a la policía.

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