tribuna

El turismo en el REF económico

La quiebra de Thomas Cook no solo es el primer aviso del brexit por venir, sino quizá la primera fractura de una industria turística que empieza a cambiar de piel con páginas webs a disposición del usuario para contratar directamente su paquete turístico y vuelos low cost para todos los gustos y bolsillos. No obstante, […]

La quiebra de Thomas Cook no solo es el primer aviso del brexit por venir, sino quizá la primera fractura de una industria turística que empieza a cambiar de piel con páginas webs a disposición del usuario para contratar directamente su paquete turístico y vuelos low cost para todos los gustos y bolsillos.

No obstante, la quiebra de Thomas Cook ha despertado todas las alarmas de la patronal y los sindicatos turísticos, así como del Gobierno Autónomo de Canarias, como no podía ser menos. Patronales, sindicatos y Ejecutivo han activado todos sus reflejos para, en la medida de sus respectivas posibilidades, aminorar el impacto de tal situación coyuntural en el sector, con especial sensibilidad, por parte de sindicatos y Gobierno de Canarias, en la probable pérdida de puestos de trabajo. En ese sentido, se han tomado medidas de distinto calado, desde aplazar pagos a la Seguridad Social por parte de las empresas afectadas, solicitar rebaja de tasas aeroportuarias para facilitar la conectividad perdida, abrir créditos blandos para paliar pérdidas… Todo en función, como ya dijimos, de evitar desempleo y disminución en el PIB generado por la llegada de viajeros a Canarias. Nuestra vieja industria inventada en el siglo XIX por los británicos: ¡qué paradoja!

Se ha respondido por parte de todos los actores mencionados a un problema coyuntural, y se ha contestado con cierta improvisación. Casi nadie ha reparado en que desde el 5 de noviembre de 2018 contamos con una ley que establece unas nuevas bases económicas del Régimen Económico y Fiscal de Canarias, nuestro Fuero, y con un artículo 19 de ese nuevo REF, donde está planteada toda una metodología de trabajo para gestionar el fenómeno del turismo en Canarias.

Pude comprobar en una reunión con dirigentes de Comisiones Obreras en el Parlamento de Canarias, este pasado día 3 de octubre en marcha, que dichos dirigentes, por cierto, muy impuestos a la hora de enfrentar la quiebra del tour operador británico y de manejar magnitudes económicas y sociales del sector, desconocían los contenidos de ese artículo 19 del recién aprobado REF y las alternativas ambiciosas que plantea para dirigir, desde el Gobierno de Canarias, una política autonómica del turismo que llega a nuestras Islas.

En ese artículo se habla de tres planes que debe impulsar una Consejería de Turismo potente como la que necesita un sector productivo que nos genera casi el 36 % de nuestro PIB, de toda nuestra actividad económica. Una consejería de turismo que siempre se ha considerado una «maría» dentro de todos los gobiernos que se han sucedido, hayan sido de CC en solitario, de CC-PNC, o de CC-PNC acompañada de PSOE y PP. A todos parece haberles dado lo mismo. La Consejería de Turismo era un asunto menor.

En ese artículo 19 del último REF se habla de un Plan Estratégico del Turismo con «incentivos a la inversión en el sector [que] se orientarán preferentemente a la reestructuración del mismo, modernización de la planta turística de alojamiento, a la creación de actividades de ocio complementarias de las alojativas y la potenciación de formas de turismo especializado y alternativo». De un Plan específico de formación profesional, que ha de contar con los agentes sociales, de los que forman parte los compañeros de Comisiones que nos acompañaron el día 3 citado, quienes confesaron, también con sinceridad de agradecer, su desconocimiento del asunto. Y de un Plan de inversiones públicas en infraestructuras en las áreas turísticas, que, como dijo hace tiempo Antonio González Viéitez en un brillante artículo, se lo colamos al Estado por debajo de los pies, pues no se entiende bien que un sector como el turístico, con las macrocifras patronales de beneficios que obtiene Canarias, se vea auxiliado por las instituciones públicas a la hora de complementar sus infraestructuras. Y no hablemos hoy aquí de cómo la mayoría de las empresas hoteleras de Canarias tributan fuera de nuestro Archipiélago. Harina de otro costal.

¿Cuándo activaremos todos esos planes con el amplio margen de maniobrabilidad que nos ofrecen a la hora de trazar una estrategia ambiciosa que oriente la política turística de este siglo XXI en Canarias?

En conclusión, Thomas Cook es un golpe muy bajo a la actividad turística de Canarias, pero Canarias y su Gobierno tienen instrumentos contemplados en el tan celebrado REF de 2018, para prever estas y otras contingencias de mayor calado. A veces da la impresión de que consensuamos leyes, las aprobamos y después nadie se acuerda de que las leyes están para ser aplicadas. El Gobierno de Canarias ha de poner más atención a la hora de colocar al consejero o a la consejera de Turismo, con todos mis respetos para la persona que ocupa esa responsabilidad hoy día, recién llegada a su departamento. Nos jugamos mucho y tenemos la obligación de dirigir las políticas turísticas desde la estructura superior de ese Gobierno en diálogo permanente con los siete cabildos, y, asimismo, con los municipios líderes en esa actividad. Y ese esfuerzo habrá que compatibilizarlo con las investigaciones académicas que llevamos a cabo en nuestras universidades, donde se tiene muy en cuenta la Estrategia de Especialización Inteligente de Canarias para el periodo 2014-2020, aprobada en su momento por la Unión Europea y que tiene como una de sus áreas prioritarias lo que se denomina, quizá con demasiado énfasis, el «liderazgo inteligente del turismo».