el charco hondo

España somos los españoles

Si tanto les duele España, hablen de los españoles. O durante esta campaña electoral hablan a la gente de las cosas de la gente (del día a día, de la realidad que millones de familias pisan cada mañana al bajarse de la cama) o el 10 de noviembre esa gente se quedará en casa, con sus cosas, que son esos problemas de los que se habla poco o menos en mítines y debates. Con la sentencia a los protagonistas de la farsa, la Justicia ha hecho su trabajo. Las condenas confirman que el Estado de Derecho, con sus luces y sombras, funciona. ¿Y la política?, ¿ha funcionado? De años a esta parte, en Cataluña la política ha sido, y sigue siendo, otra de las semillas del problema. Mientras en Barcelona algunos usaron el independentismo para silenciar corruptelas institucionalizadas, recortes y agujeros en la gestión pública, al otro lado del puente aéreo, en Madrid, otra parte contratante lo dejó correr, ora porque si se hablaba de Cataluña la romería de cargos públicos entrando y saliendo de los juzgados quedaba en un segundo plano, ora porque el problema catalán daba votos en el resto del país. Actores principales y secundarios, de un lado y otro, han acabado destrozando la reputación de Cataluña, rebajándola a una triste caricatura de lo que fue. Y ahora, sumergidos en este interminable océano electoral, poco o nada puede esperarse de la política, al menos no de aquellos que utilizan Cataluña como plató de televisión. La sentencia confirma que pasarse de frenada se paga, desanimando a quienes en el futuro, sea inmediato o no tanto, puedan tener la adolescente tentación de pensar que saltarse la ley no tiene consecuencias (siendo como son mayores de edad, y gente con formación, ¿cómo fue que creyeron los ahora condenados que solo estaban jugando a los médicos?, ¿en qué momento la adrenalina los nubló?). Llegados este punto de aquel viaje a ninguna parte, poco sentido de Estado puede esperarse de partidos y dirigentes en modo-electoral, candidatos que deben abordar el problema catalán con altura y, sobre todo, obligados estas semanas a hablar a los españoles de las cosas que pasan a los españoles, de dependencia, vivienda, empleo, sanidad, formación u otras preocupaciones que dibujan el día a día del resto del país. Cualquier cosa menos seguir hablando de España sin dedicar un minuto a los españoles.

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