superconfidencial

Franco, ese hombre

El viejo general Franco baila la yenka después de muerto. El taimado Sánchez, cuya máxima virtud no es la inteligencia, sino la constancia, ha apelado a la memoria, que es la inteligencia de los torpes, para echarlo de Cuelgamuros. Y el Tribunal Supremo se ha quitado la cosa de en medio, con la elegancia habitual. ¡Al carrer! Ahora tendrá que ser un juez de instancia quien decida si se levanta la lápida o no; y el Tribunal Constitucional si lo del Supremo procede o no procede. Y hasta Estrasburgo podría intervenir, aunque lo del Tribunal Estrasburgo ya me lo sé. A Franco no lo dejan en paz, sin tener nadie en cuenta que los muertos, por muy malos que hayan sido en vida, tienen derecho a que los dejen tranquilos. Yo no soy franquista, todo lo contrario, pero respeto a quienes piensan lo que piensan. En un país libre, la gente debe ser libre. Negar la historia es una estupidez porque ya la han contado los historiadores. Franco cometió tropelías imperdonables y la República (sobre todo el Frente Popular), también. Por partes iguales. Lo mismo que el franquismo borró de las calles los nombres republicanos, el socialismo (en sus múltiples versiones) tiene derecho a hacer lo propio. Si fuera por mí, ni lo uno ni lo otro. A la historia también es bueno dejarla descansar. Estoy seguro de que los despojos del viejo general van a ir a parar a la sepultura de El Pardo, junto a los de su esposa. Que no venda esto Sánchez como una victoria, porque es de cobardes pelear con los muertos. Y que no lo sientan los franquistas como una agresión, porque lo de Franco en Cuelgamuros me parecía un tanto excesivo. Yo era más de La Almudena.

TE PUEDE INTERESAR