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despuÉs del paréntesis

La granja de pollos

Cuentan que más de una vez la realidad y el cine se dan la mano: Joker. ¿Qué ocurre con esa película para sembrar admiración y condena por muchas partes del planeta? Por partes. Lo que se puede leer en revistas (llamémoslas) especializadas de cine en EE.UU. es una barbaridad. El principio en que se basan es que por el real de la película alguien va a sacar un rifle y asesinar indiscriminadamente. Esa es la lectura, un sujeto fracasado, no consciente. Tienen miedo a lo que en verdad ocurre allí, con escenas atroces. Por eso reprimen el crear, el dotar la invención de verosimilitud.

La cuestión no es poner freno a la venta indiscriminada de armas de fuego, la cuestión es, por lo que nombran libertad, cortarle el cuello al cisne. Así actúan. La policía ha prohibido a los espectadores ir disfrazados como el protagonista a las salas. Lo que comunica ese desfalco a la razón, es lo que muchas veces ocurre allí, por ejemplo, considerar que “no es ficción” una novela basada en hechos reales. Con lo cual nos deslumbran. El caso: Lazarillo de Tormes (que copia exactamente el modelo memoria o autobiografía) es ficción; A sangre fría, de Truman Capote, no. La censura como primacía, no lo que marca los principios: una novela excepcional o una película extraordinaria.

¿Qué hay detrás de esa trama siniestra? Que Todd Phillips (que fue documentalista y es conocido por Resacón en Las Vegas) no puede venirse a serio de buenas a primeras. ¿Cómo dirigir y escribir (con Scott Silver) una película tal? Cada cual en su lugar, si les tocan la frente. Lo que Phillips considera es la consecuencia. Contamos con el escapismo en los super-héroes. Esos seres de comic o de celuloide se arriman al supremo bien, que siempre triunfa (Supermán o Batman). Pero, para que los buenos sean buenos de verdad, hay malos malos danzando por el lugar. Phillips se pregunta: ¿de dónde sale esa condición?, ¿de la idealidad, de que el mundo ha de ser perfecto? Entonces encuentra al sujeto que pone patas arriba lo que ocurre. Un ser machacado por la circunstancia, un ser distinto que resulta reprimido y maltratado incluso por su madre. ¿Qué encuentra el agredido para su promisión? Responder. Y cuando el mundo se extrema, la respuesta también es radical.

Phillips homenajea el cine de los años setenta (en especial Taxi Driver). Con ello lo que consigue, para inquina de los susodichos: una sorprendente y excepcional obra política.

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