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Los políticos

Las elecciones de noviembre son como un martillo pilón de la mentira. No hay quien diga una verdad, no hay quien aporte un razonamiento digno de ser tomado en cuenta, muy pocos se sinceran ante el electorado e incluso existe un partido que puede desaparecer: Ciudadanos. El protagonista de la campaña es un viejo general […]

Las elecciones de noviembre son como un martillo pilón de la mentira. No hay quien diga una verdad, no hay quien aporte un razonamiento digno de ser tomado en cuenta, muy pocos se sinceran ante el electorado e incluso existe un partido que puede desaparecer: Ciudadanos. El protagonista de la campaña es un viejo general que murió en 1975 y cuyo cadáver parece la caja del turrón. No veo una sola propuesta de progreso, sino de revancha. Un idiota llamado Zapatero logró que se promulgara una ley que no es una ley sino un tratado de la revancha y dio forma legal al odio tradicional que se tienen las dos Españas, que por una vez tenían aparcado en algún lugar. Lo único bueno que logró Zapatero en siete años como presidente fue la Unidad Militar de Emergencias; estoy seguro que no se le ocurrió realmente a él, sino a alguno que tenía cerca. Se han cargado el espíritu de la Transición, que fue un modelo para el mundo, y que se forjó a fuerza de generosidad y de capacidad para olvidar y viene este otro tonto del to, como diría José Mota, a hacer reverdecer los viejos odios de esas dos España, una de las cuales -no sé cuál, bueno, sí lo sé- le helaba el corazón al poeta. Nunca se habló tanto de Franco desde 1975, circulan videos y memes en su memoria. El dictador se ha adueñado de las redes sociales y su extemporánea trayectoria, lejos de quedar sepultada bajo una pesada lápida en el Valle, se revive por culpa de este heredero de aquel Zapatero, un poquito más listo quizá pero igual de terco a la hora de hacer resurgir un pasado que es mejor olvidar. Allá él, las encuestas dicen que está flojeando. No sé.