El charco hondo

Mayoría de edad

Las crisis, en general, y las turísticas, en particular, deben navegarse con iniciativa y coraje, con más ideas que lágrimas, sin bajar los brazos. Hay que poner en marcha una batería de medidas, claro que sí, pero sin dejar de hacernos todas las preguntas para, acto seguido, darle otra vuelta y hacernos la pregunta que […]

Las crisis, en general, y las turísticas, en particular, deben navegarse con iniciativa y coraje, con más ideas que lágrimas, sin bajar los brazos. Hay que poner en marcha una batería de medidas, claro que sí, pero sin dejar de hacernos todas las preguntas para, acto seguido, darle otra vuelta y hacernos la pregunta que faltaba, esa que no se había verbalizado, ¿y qué más puede hacerse?, ¿qué idea, por loca o atrevida que parezca, puede también ayudarnos a remontar el vuelo? No hay receta que pueda resolverlo todo. Tampoco hay acción que nos saque, abracadabra, mágicamente, del golpe que ha encajado el sector turístico. Las curvas no se dejan gestionar tan fácil, ojalá, pero esto no funciona así. Los incendios solo se controlan con perseverancia, cintura y constancia, e incluso con la humildad que exigen coyunturas tan exigentes como la que tenemos encima. Hay que sumar muchas propuestas. Deben encajarse piezas hasta que el rompecabezas vaya cogiendo forma, lanzar fórmulas, descartar las que no ayudan y pulir las que sí. No se sale de aquí cayendo en el absurdo de acusar a este Gobierno, o a la actual Consejería de Turismo, de falta de previsión, o afeándole la conducta a quienes acaban de llegar por no contar con plan de contingencia (ciertamente, la intervención de la portavoz de Coalición, en el pleno extraordinario que se celebró días atrás, fue manifiestamente mejorable). Así no. Qué va. La crisis de los turoperadores impone unidad de acción, actores propositivos, consensos y, llegados a este punto, ya superados los primeros días, también orgullo. Orgullo, sí. Se ha puesto de relieve la mayoría de edad de nuestro destino, que lejos de dejarse arrastrar por el pánico, o caer en el sálvese quien pueda, ha reaccionado al golpe de Thomas Cook con madurez, demostrando los responsables autonómicos y locales, junto a empresas y patronales, que durante estos años hemos aprendido. Orgullo, sí, porque somos un destino fuerte, y porque con los cinco sentidos en el objetivo de minimizar los daños laborales, debe decirse, así que dígase, que no hay una crisis de producto, no es eso. Hay que llenar el cielo de Canarias de aviones, y no es fácil, pero hay camino porque de otra cosa puede que no tanto pero de turismo sabemos muchísimo. No podemos permitirnos el desánimo. Tampoco bajar la mirada. Hay razones para la preocupación, pero también para el optimismo porque, aunque ahora cueste verlo, se avanza demostrando que somos mayores de edad.