Tribuna

Merece la pena dedicarse a los demás

Siempre hemos sido de la opinión de que hacemos lo que hacemos por pura vocación. Vocación por dedicarnos a los demás, y debemos reconocer que tenemos la gran suerte de compaginar nuestra dedicación profesional, la medicina, la docencia y la investigación, con otra pasión; la de política, cuatro factores muy unidos entre sí, por extraño […]

Siempre hemos sido de la opinión de que hacemos lo que hacemos por pura vocación. Vocación por dedicarnos a los demás, y debemos reconocer que tenemos la gran suerte de compaginar nuestra dedicación profesional, la medicina, la docencia y la investigación, con otra pasión; la de política, cuatro factores muy unidos entre sí, por extraño que parezca., y que se basa en los mismos principios. Humanismo activo. Sin esperar nada a cambio sino la satisfacción del deber cumplido. Desde luego, cada vez que un paciente-ciudadano entra por la puerta nos presenta casos que nos pueden resultar conocidos, o cuanto menos muy parecidos a otros, pero nada más lejos de la realidad.

Tanto como que cada persona es un mundo, y cada mundo esconde secretos en ocasiones inaccesibles. No es muy diferente a la política. Las personas buscan solucionar problemas y depende de nosotros el dar curso a sus dudas o patologías. Los ciudadanos y los enfermos, así como sus necesidades, no tienen días, ni vacaciones, ni horarios. Hacemos política como operamos, seriamente.

No hace mucho tiempo atrás un buen amigo y paciente fotógrafo dijo que, en fotografía, positivar es obtener un positivo a partir de un negativo, y estamos en una acción que bien merece extrapolar a nuestra vida cotidiana. Dicho de otra forma; transformar en positivo todo lo negativo que nos rodea. Es un ejemplo más de la resiliencia que tanto nos caracteriza y que se basa en la convicción muy íntima de que el humanismo activo es una fuente inagotable de satisfacción.

Y lo hace generando emociones positivas en lugar de negativas, manteniendo una actitud positiva, transmitiendo buen humor, fomentando el optimismo, etcétera. En resumen, debemos convertirnos en auténticos generadores de positividad, siendo auténtico y de referencia como trayectoria. El lograr que una persona olvide sus problemas y salga de la consulta con otra mentalidad, solucionando o paliando sus problemas y logrando una tranquilidad hasta hace poco inexistente, es algo que nos llena y nos hace felices. Es nuestra vocación, y nuestra profesión.

Estamos convencidos de que ayudar a los demás beneficia a nuestra salud. Existen, incluso, estudios que así lo confirman. La transmisión de valores es un hecho implícito en la condición humana, y es algo que deberíamos explorar mucho más. Y reconocemos que, en política, debemos recuperar esa vertiente que tanto se ha alejado de los ciudadanos y que crea frustración. Para nosotros la política son sentimientos y referencias, y cuando se dañan se tarda mucho en recuperar.

No nos cabe la menor duda de que en estos tiempos que corren, la consideración de la política como servicio público está excesivamente desprestigiada. El ejercicio de la política es considerado como el arte de mantenerse en el poder, una técnica ajena a cualquier valoración moral de los objetivos perseguidos por la acción política, pero que debemos alejar y desterrar entre todos. La toxicidad y la vida líquida deben ser desaterrados de nuestra vida.

Según Maquiavelo, el bien no existe fuera de la voluntad del hombre, es el hombre mismo quien tiene capacidad de decidir lo que es el bien, en función de la razón, que guiará sus intereses y su juicio. Y es que la excesiva profesionalización de la política (para nosotros es una actividad, no una profesión), ha llevado a considerar al político un hombre que antepone sus intereses para mantenerse en el poder a cualquier otra idea o proyecto, ajenos al interés público y general (el de todos), y ese ha sido el gran error del candidato socialista a la presidencia del gobierno del Estado, Pedro Sánchez, que ha perdido una nueva oportunidad cegado por sus intereses personales dejando de lado los generales. Pedro Sánchez está carente de cualquier tipo de factor inhibitorio.

Debemos apostar devolver la política a donde se merece. No hay nada más noble que dedicarse a los demás, y eso se llama política. Convirtiendo a las personas, a los ciudadanos, en el centro de nuestra acción diaria, tal y como ocurre en la sanidad.