el charco hondo

Performance

Que no digo yo que lo de Cataluña no sea grave, no es eso, qué va, al revés, la irresponsabilidad de actores principales y secundarios de la estafa que esconde el proceso, ora acunada por algunos agentes económicos catalanes que llegaron a creerse que rentabilizarían presupuestaria o fiscalmente el desafío, ora abonada por la acción u omisión de quienes en Madrid colocaron el sentido de Estado bajo la roca de los cálculos electorales, en fin, ya sabes, no soy sospechoso de empatizar con aquellos que han convertido a Cataluña en una caricatura, o qué decir sobre el papel de un personaje perfectamente vacío y prescindible como Quim Torra, al que más le vale que lo que cataloga como ciudadanos comprometidos, sí, esos que se comprometen guardando munición en los garajes, más vale a Torra, digo, que otros ciudadanos comprometidos sin localizar abran el melón de las detonaciones, así que no, que no digo yo que lo de Cataluña sea un asunto menor, no es eso, me indigna cómo han engañando a miles de familias catalanas a las que hicieron creer que la independencia era una opción, me duele el sectarismo y la fractura social, no, no seré yo quien diga que la situación que se sufre en Cataluña no merezca toda la atención, ahora bien, tampoco me quedo sin decir que me molesta, y mucho, el abuso electoral que algunos hacen del problema catalán, y ahí lo dejo, sabemos de qué o quiénes estamos hablando, porque la descarada utilización de la espiral que tiene atrapada a los catalanes, en fin, ya sabes, apesta a electoralismo, y sí, he dicho utilización, porque de eso se trata, de usar lo que está pasando como herramienta de marketing electoral, crece, va a más la sensación de que algunos parece que intenten disimular su falta de proyecto para España haciendo campaña única, exclusiva y groseramente sobre las brasas de la hoguera catalana, basta ya, ya está bien, y no, que no digo yo que el problema no merezca que todos lo sintamos como tal, lo que sí digo es que ha arrancado la precampaña con los de siempre convirtiendo a Cataluña en un plató de televisión, y da coraje, claro que sí, da la sensación de que solo se mueven cuando el olor a urna los pone a bailar de aquí para allá, rebajando la realidad a la categoría de performance.

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