el charco hondo

Tabú

Como ocurre con cualquier otro tabú, será que se considera de mal gusto o inapropiado aludir al tema; incluso puede que asuste verbalizar lo que muchos están pensando, pero pocos o ninguno se atreven a decir. Será eso, o será otra cosa, pero no deja de resultar infantil silenciar la posibilidad (tan cierta como descorazonadora) de que no lográndose una mayoría de gobierno después del 10 de noviembre el país se vea condenado a volver a las urnas en unos meses. Extraña. Llama la atención que ese tema no se toque. Sobre todo porque, sondeos en mano, a fecha de hoy la hipótesis de tener que volver al colegio electoral en 2020 es bastante más sólida que la del desbloqueo mágico. Deprime imaginarlo, pero el escenario de una repetición electoral -otra vez- lejos de descabellado pinta algo que se parece bastante a lo que nos espera en el transcurso de las semanas y meses siguientes al 10 de noviembre. Conscientes de que volver a las urnas en 2020 sería poner en bandeja al PP su regreso a Moncloa (en esta hipótesis, sería con Pedro Sánchez irremediablemente debilitado, y con la crisis económica ya instalada en el salón de casa, bolsillos u oficinas), esta vez los socialistas buscarán un acuerdo con Pablo Iglesias, con Errejón y con quien haga falta, porque caso de no lograr una mayoría de gobierno el PSOE sería el más castigado en las siguientes. El problema es que Sánchez por ahí no sumará lo suficiente, entre otras cosas porque apoyarse en los independentistas catalanes no parece una alternativa realista dadas las circunstancias. ¿Y si se evita otro bloqueo estrenando los socialistas un pacto alemán con el PP? Podría el PP facilitar que la legislatura eche a andar con Sánchez estirando su tiempo en Moncloa, pero saben en el PP que si lo dejan caer Pablo Casado tendría a tiro de piedra ser presidente en 2020, una expectativa que sin duda pesará más que el sentido de Estado. Las elecciones son un ejercicio democrático, pero cuando se abusa, como así está ocurriendo, el daño democrático se multiplica, generando por el camino un desgaste, un hastío que anuncia una baja participación. Será que está mal visto o que resulta inapropiado verbalizarlo, pero hay pocas razones para creer que con los resultados del 10 de noviembre podrá constituirse una mayoría de gobierno en España. Al revés, sobran argumentos para empezar a hablar, con tanta frustración como realismo, de que iremos otra vez a elecciones en 2020.

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