Tribuna

A propósito de la Cumbre de Madrid

La 25ª Conferencia de las Partes (COP25) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) se celebrará en Madrid los próximos días, del 2 al 13 de diciembre. Se trata de una nueva oportunidad para movilizar a las organizaciones, empresas y administraciones públicas en torno a la sostenibilidad y la […]

La 25ª Conferencia de las Partes (COP25) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) se celebrará en Madrid los próximos días, del 2 al 13 de diciembre. Se trata de una nueva oportunidad para movilizar a las organizaciones, empresas y administraciones públicas en torno a la sostenibilidad y la lucha frente el cambio climático.

Con la expresión cambio climático global se hace referencia al conjunto de modificaciones del clima incluidos los cambios de temperatura y la frecuencia e intensidad de las fuertes tormentas, la alteración de los ciclos pluviales, las alteraciones en la circulación atmosférica y oceánica, y la fusión creciente de los hielos del planeta. La CMNUCC, define el cambio climático como «el cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera global y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables». Hay que diferenciar, por tanto, entre el cambio climático atribuible a las actividades humanas que alteran la composición atmosférica y la variabilidad climática atribuible a causas naturales.

Los impactos de fenómenos extremos relacionados con el clima, como olas de calor, catástrofes como las sequías y las inundaciones, ciclones e incendios forestales, ponen de relieve una gran vulnerabilidad de algunos ecosistemas y ciudades a la actual variabilidad climática. Desde 1950, aproximadamente, se han observado cambios en muchos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos. Algunos de estos cambios han sido asociados con influencias humanas, como, por ejemplo, la disminución de las temperaturas frías extremas, el aumento de las temperaturas cálidas extremas, la elevación de los niveles máximos del mar y el mayor número de precipitaciones intensas en diversas regiones.

El calentamiento en el sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950-1960, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes en los últimos milenios. Las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado, la atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido y el nivel del mar se ha elevado.

En efecto, las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero -dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O)- se han incrementado desde la era preindustrial como resultado del crecimiento económico y demográfico, y, actualmente, son mayores que en cualquier otra época. En consecuencia, se han alcanzado unas concentraciones de estos gases en la atmósfera sin parangón con otras épocas de la humanidad. Los efectos antropógenos de estas emisiones se han detectado en todo el sistema climático y es muy probable que hayan sido la causa determinante del calentamiento observado a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado el pasado 25 de noviembre de 2019, el dióxido de carbono alcanzó un valor mundial máximo en la primavera de 2018, en el hemisferio norte, de 407,8 partes por millón (ppm). Además de este incremento del 147% de la tasa de CO2 respecto a la era preindustrial en 1750, el mismo informe de la OMM ha detectado que otros gases de efecto invernadero como el metano y óxido nitroso, se han disparado. El metano ha alcanzado el 259% y el óxido nitroso, el 123% de su nivel preindustrial. Con este escenario parece difícil conseguir los objetivos del acuerdo de Paris en la COP21 de mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales.

El cambio climático es un reto global que no respeta las fronteras nacionales. Las emisiones en una región del planeta afectan a otros lugares lejanos. Es un problema que exige que los diferentes países trabajen de forma coordinada y precisa para avanzar hacia una economía baja en carbono. A este fin, entre otros, están convocados los países a la Cumbre sobre el Clima que se celebrará en Madrid.