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el charco hondo

La investidura y el Barça-Madrid

En la España de Pedro Sánchez la frontera entre el fútbol y la política es tan tenue como lo fue en la América Latina de Kapuscinski -así lo describió el autor de La guerra del fútbol y otros reportajes-. Si en 1969 un partido entre Honduras y El Salvador desató el enfrentamiento entre ambos países, la investidura de Sánchez tiene en el Barça-Madrid un hito que puede romper la baraja parlamentaria. El presidente en funciones llega al clásico con su investidura, y su carrera política, cogidas con pinzas, abrazadas a un jarrón de porcelana que puede romperse en mil pedazos si antes, durante o después del Barça-Madrid el vandalismo vuelve a golear. El clásico puede precipitar un final sin acuerdo de las negociaciones que socialistas e independentistas están macerando hace semanas. Si los incidentes en las calles de Barcelona incendiaron las urnas, lo que mañana ocurra dentro o fuera del estadio, bajo la atenta mirada del país entero, oxigenará o asfixiará a quienes se sientan en la mesa de negociación de PSOE y ERC -en consecuencia también a Sánchez-. Caso de que los alborotadores ganen la partida, poco importará quien gane el partido, lo sustancial no serán los tres puntos en juego sino los efectos colaterales de lo que ocurra sobre el césped -con la amenaza de una posible invasión del campo-, en la grada o en las calles, convertidas en un plató impagable para la guerrilla urbana. Difícilmente podrá Sánchez seguir adelante con los independentistas si el Barça-Madrid es engullido por un batalla campal, e igualmente difícil resultará a los independentistas seguir en la negociación si la actuación de la policía desata una ola de repulsa entre sus afines. Si se compara con el seguimiento de un Barça-Madrid (especialmente el de mañana) la política es un deporte minoritario, residual. De ahí que la política se la juegue mañana, sobre el césped, no sobre la moqueta. La hipótesis de una tarde de fútbol caótica puede romper la cuerda sobre la que se mueven socialistas e independentistas. Si la guerrilla urbana gana el clásico Sánchez perderá el tren de su investidura. La negociación solo seguirá delante si el Barça-Madrid acaba políticamente sin vencedores ni vencidos. Nunca la frontera entre fútbol y política fue tan tenue como en este clásico. Puede que para la historia quede que un Barça-Madrid condenó a España a repetir las elecciones.

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