El charco hondo

Nada

Nada puede decirse de la nada, salvo la nada de nada. Y nada está pasando, importando poco, o nada, que a golpe de reuniones, declaraciones, valoraciones, canutazos, comparecencias, tuits o filtraciones los partidos hagan como que están ocurriendo cosas. Sánchez simula una simultánea de ajedrez, pura ficción. No se está negociando nada. No sé está […]

Nada puede decirse de la nada, salvo la nada de nada. Y nada está pasando, importando poco, o nada, que a golpe de reuniones, declaraciones, valoraciones, canutazos, comparecencias, tuits o filtraciones los partidos hagan como que están ocurriendo cosas. Sánchez simula una simultánea de ajedrez, pura ficción. No se está negociando nada. No sé está comprometiendo nada. Nada de nada. Quien mejor ha radiografiado o resumido la situación ha sido el secretario general de Coalición. Hemos hablado de seguir hablando, sentenció José Miguel Barragán al finalizar su encuentro con el duo dinámico, ese que Sánchez tiene de mesa en mesa para tener entretenido al personal. Ruido sin nueces. Reuniones sin compromisos. Documentos sin firma. Folios en blanco. Continentes sin contenido. Formas sin fondo. Contratos sin cláusulas. Nada es o será nada porque, por más que finjan que algo está pasando, nada seguirá siendo nada mientras los independentistas catalanes no decidan si salvan o entierran a Pedro Sánchez. La nada que precede a la decisión de ERC es puro relleno, un ejército de teloneros desfilando ante cámaras o micrófonos sedientos de contenidos con los que alimentar horas de tertulias, un legión de figurantes dejándose convocar por los promotores del evento. Nada más que eso, una coreografía con la que entretener al país, un rosario de reuniones colocadas en la agenda cual revistas viejas en las salas de espera. Nada de nada. De El Abrazo a esta parte no se ha avanzado un solo centímetro. Ni un solo paso (real) que nos acerque al desbloqueo y nos ahorre el bochorno de otras elecciones y del desastre presupuestario, económico, institucional, democrático y social de echar a perder otro año. Nada de nada sin el apoyo, por acción u omisión, de los independentistas; y, si finalmente facilitan la investidura, nada de nada que tenga que ver o garantice la gobernabilidad. Y si no, si optan por no facilitarla, no habrá PP que rescate a Sánchez de su naufragio. Susto o muerte, cualquier hipótesis de final mínimamente satisfactorio se ha esfumado bajo toneladas de nada de nada. Cuesta dar con razones para el optimismo. Ocurren cosas pero no pasa nada. Se habla mucho, pero para nada. Solo se habla para seguir hablando. Nada. Nada de nada.