tribuna

Carolina

Dice Juan Cruz que Carolina Darias tiene mapas en la cabeza. Si él lo dice será verdad. Lo que sí debe tener es una orientación normativa que la obliga a no salirse de la ruta correcta sin necesidad de consultar la guía Michelin. Hoy andamos más confiados con el GPS, y los mapas están en Google para poner el mundo en nuestras manos. Le tengo más fe a la formación sólida de la funcionaria que es capaz de adoptar decisiones más allá de la frialdad que nos aportan las inteligencias artificiales y sus accesorios.

La mente humana, desarrollada adecuadamente, aunque esté inundada por un compendio de leyes y reglamentos, no precisa de herramientas subsidiarias, ni de apoyos logísticos, ni de asesores, ni de técnicas, ni de argumentarios. Siempre he tenido una extrema confianza en los funcionarios, es más, creo que son la base fundamental para que un país marche adelante sin quebrantos, como ha quedado demostrado en los últimos años. Carolina está en ese nivel que me inspira tanta fiabilidad, pero añade el valor de ser una buena persona, y esto me hace resaltar más el aprecio que le debo. Tuve ocasión de charlar con ella durante la grabación de un programa de televisión en el que actuaban Los Gofiones. Su marido es un destacado miembro del grupo y, además, se llama igual que un cantautor portugués que se distinguió en la Revolución de los Claveles con la canción Grándola vila morena. Ya saben.

Su conversación es muy agradable e inteligente, inspira seguridad, y esto me hace no dudar a la hora de poner en sus manos las cosas importantes sobre las que no somos capaces de decidir. Parece que nadie lo sabía, pero esta mujer reúne todas las condiciones para ser ministra, al menos las que yo considero imprescindibles. Tiene experiencia y conocimientos sobrados para ello, con el temple suficiente para dirigir ordenadamente un debate y con la lucidez para firmar un dictamen ajustado. No quiero sumarme a las congratulaciones por el hecho de tener a una canaria en el Gobierno de España. Sería cicatero por mi parte el celebrar su nombramiento en base a un localismo impropio, ni siquiera porque cumpla con una cuota cuyo débito se corresponda con poner en su sitio a un territorio olvidado. No, no es eso. Me alegro por España, porque considero que en los tiempos que vivimos es preciso que nuestros órganos rectores salgan reforzados por la abundancia de excelencia más que por la exhibición de una capacidad política depredadora, que acabará por llevar las acciones directivas a la inutilidad. Canarias no está de enhorabuena, como dicen tantos, es España la que tiene que felicitarse porque ella acceda a ese puesto. Ya me gustaría a mí un Gobierno lleno de Carolinas. Entonces las cosas estarían a punto y el insomnio desaparecería de nuestros temores. El diálogo estaría acompañado de una sonrisa, a la vez que se impondría el rigor de lo ajustado a la legalidad.

Puede ser que Juanito tenga razón y ella se sepa todos los mapas. Eso quiere decir que nos llevará por caminos ciertos. De lo que sí estoy seguro es de que si esta mujer se sienta en el Consejo de Ministros estará colaborando a que el debate entre buenos y malos empiece a desaparecer de una vez por todas de nuestro país.

TE PUEDE INTERESAR