Tribuna

De los polvos del desierto a los lodos atlánticos

Después de cuarenta y cuatro años de ocupación ilegal de los territorios saharianos, Marruecos ha decidido ahora consumar esa expansión extendiéndola a las costas oceánicas que van desde Tarfaya a La Güera y delimitando desde esos puntos cardinales las consiguientes aguas territoriales (12 millas náuticas), la zona económica exclusiva (200 millas) y la plataforma continental, […]

Después de cuarenta y cuatro años de ocupación ilegal de los territorios saharianos, Marruecos ha decidido ahora consumar esa expansión extendiéndola a las costas oceánicas que van desde Tarfaya a La Güera y delimitando desde esos puntos cardinales las consiguientes aguas territoriales (12 millas náuticas), la zona económica exclusiva (200 millas) y la plataforma continental, lo que en resumidas cuentas significa abarcar 350 millas náuticas dentro del Atlántico. Con esa nueva expansión se tragarían buena parte de las Islas Canarias si no se llegan a frenar tales ambiciones o, en el mejor de los casos, se opta por un acuerdo para trazar una mediana entre esa arbitraria ocupación marroquí de la costa sahariana y los derechos de nuestro Archipiélago, sin dejar de denunciar que estaríamos negociando con el que se dice dueño de algo que no le pertenece.

Por segunda vez Canarias sufre los afanes expansionistas de Marruecos hacia el sur. Por primera vez los hemos sufrido a través del castigo infligido a nuestra flota pesquera, desposeída de sus derechos a faenar con libertad dentro del conocido e histórico banco pesquero canario-sahariano.

A la España del Franco en plena decadencia la ha sucedido una España que ha seguido ignorando su condición de potencia administradora de su antigua Provincia 51 del Sahara Occidental. Ninguno de los gobiernos de la post-transición española ha querido enfrentar el problema saharaui con la valentía y la legalidad que se les exigía. Todos han mirado para otro lado, incluso la hoy pomposa Casa de África con sede en Las Palmas de Gran Canaria ha ignorado, en toda la programación que conocemos de ese consorcio, la situación que viven los antiguos ciudadanos hispanosaharauis, ni siquiera cuando han convocado seminarios donde se trataba específicamente los conflictos interregionales africanos. El Sahara siempre quedaba al margen, en el limbo. Con la consiguiente satisfacción de Marruecos, como puede entenderse.

Ahora, en este primer mes de 2020 todos los partidos políticos canarios sin excepción se han apresurado a denunciar los afanes marroquíes por adentrarse en el Atlántico al sur de Tarfaya y entrar en conflicto con las aguas de nuestras islas. Lo hacen ahora con esa unanimidad porque ya no se trata solo del Sahara, sino de nuestro propio territorio marítimo. Y porque en el subsuelo de parte de esas aguas hay minerales estratégicos, como el telurio y el cobalto, ambicionados no solo por Marruecos, sino por España, que intenta desde 2014 tramitar ante la ONU la adscripción de las aguas al sur de Canarias para acotarlas a su favor y con vistas a su explotación.

Por eso titulamos que de los polvos del desierto del Sahara Occidental, de las miserias e ignominias sufridas por la población que un día disfrutó de un documento de identidad español, hemos pasado a los lodos marítimos atlánticos. Porque Marruecos con las dos leyes aprobadas en su Parlamento el 22 de enero de este año, que delimitan ilegalmente las aguas citadas, lo que hace es recordarnos a los canarios y a la comunidad internacional que esta es su segunda pirueta contra todas las resoluciones de Naciones Unidas y contra todos los tribunales del mundo que se han pronunciado sobre su marcha sobre el Sahara. Un paso más hacia la prepotencia que puede convertirse en un paso en falso si no fuera porque el reino alauí cuenta con el padrinazgo evidente de dos potencias como Estados Unidos y Francia que avalan irresponsablemente su neocolonialismo en pleno siglo XXI.

¿Podrá reaccionar España y corregir este error del gobierno de Marruecos de legislar sobre riberas que no le pertenecen y que vuelve a recordarnos a todos que tampoco su ocupación terrestre sahariana está avalada por ninguna clase de legalidad?

Los canarios tenemos un problema ahí enfrente que lleva cuarenta y cuatro años sin resolverse. Estas dos últimas leyes marroquíes no han hecho sino despertar al monstruo de la ilegalidad cometida por ese país y del sufrimiento del pueblo saharaui que ha sido abandonado por España y castigado sin razón por las dinastías de Hassan II y de su hijo. Ese es el triste paisaje. Un debate que nos ha retrotraído a noviembre de 1975 cuando un Juan Carlos I todavía bisoño le decía con énfasis a las fuerzas armadas españolas que “ni un paso atrás” ante la Marcha Verde que inauguró toda esta chapuza diplomática.